lunes, 26 de mayo de 2014

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A partir de ahora, toda similitud con la realidad, ya no será una coincidencia...



En el '94, las Fuerzas Armadas de Argentina no aceptaban personas con diabetes. Tampoco lo hacían las Fuerzas de Seguridad, ni las de Inteligencia. Camp Sadako te enseñaba bastante, pero no todo lo que había para aprender. Adquirir el tipo de pericias y conocimientos que buscaba en esos cuerpos, o en los de otras naciones, hubiese sido básicamente ilegal.
 
Pero recuerdo que unos años más tarde conocí a un fulano que hablaba sobre la geopolítica de Asia Central, del Eje Trans-Asiático y de un ignoto fundamentalista que poco después se dispararía al estrellato mundial. Al parecer, había estado inmiscuido con el International Crisis Group y cursando de oyente en la EDENA y de polizón la ENI -hasta que los guardias de la entrada degollaron a una anciana por alimentar a los gatos del jardín, y la Federal se hizo cargo de la custodia-.
 
Un tipo inspirador. A él le debo este relato.
 
No recuerdo dónde ni cómo lo conocí. No volví a verlo desde entonces.
 
Todo lo que escribo es falso.