sábado, 21 de junio de 2014

6. Operadores de Alta Frecuencia

Lima, Perú.
 

En la última década, el capital privado chileno había invertido más de 20 mil millones de dólares en empresas en el Perú. Tanto el periodismo especializado como los comunicadores tendenciosos han remarcado esta creciente influencia chilena sobre la economía peruana, en particular en sectores que tradicionalmente son considerados estratégicos, como la energía, el transporte y el consumo masivo. En el imaginario popular, esto implicaría que en caso de guerra, se cortaría la luz de los hogares, el país quedaría paralizado y la población moriría de hambre. Por supuesto, nada de eso sucede en la realidad, y aún frente a una crisis, tanto la intangibilidad de los activos extranjeros como la continuidad de las prestaciones básicas están salvaguardadas por la ley.
Pero de cierto modo, existe algún grado de vulnerabilidad potencial en la integración económica. La cuestión es que poder llevarla a la práctica requiere de una planificación muy sutil y de largo plazo, y sus efectos en general, resultan por el contrario muy notorios e inmediatos. Englobando amenazas de la más variada naturaleza, la implantación de estos “troyanos” latentes en el corazón del sistema del enemigo, ha sido desde épocas ancestrales el tipo de operación de inteligencia más elaborado. En casos de crisis graves, también ha sido siempre el más redituable.
 
 
Desde el fondo del auditorio, Luis aplaudía con un forzado entusiasmo la obscenamente fastuosa presentación que concluía en ese momento uno de los socios de Dyrah. Los agentes bursátiles presentes parecían estúpidamente deslumbrados con el nuevo sistema de operadores computarizados de alta frecuencia, que el estudio estaba ofreciendo para la Bolsa de Lima. Por supuesto, ninguno de ellos era ingeniero informático, y por lo tanto, ninguno tenía ni la más remota idea de lo que realmente estaban comprando…
Pablo lo codeó discretamente para que cambiara la cara. A su lado, el brillante actuario sonreía entusiasta como se suponía que debía. Era la rutina infalible del cortejo del cliente, que practicaban escrupulosamente cada vez que lanzaban un nuevo proyecto. Los socios prometían más de lo que podían entregar, ofreciendo funcionalidades que el cliente no necesitaba, para culpar después a las mismas cuando no pudieran cumplir con los plazos y pidieran más dinero. Era deliciosamente extraordinario. El avance tecnológico era una gran bola de nieve que crecía alimentándose de su continua obsolescencia y de la de sus usuarios; y cada vuelta de la bola, él cobraba, cobraba y volvía a cobrar. El juego ya le había rendido conocer cinco continentes y un enorme penthouse en el centro de Lima, y esta partida iba a valerle su tan codiciada mansión sobre la playa en Viña del Mar.
 
 
Al pasar al gran salón donde servían el cóctel, Pablo zarandeó a Luis hacia un costado apartado para aclararle otra vez qué estaban haciendo allí. Era simple, lo habían hecho ya varias veces, pero por alguna esquizofrénica razón, el ingeniero estaba empecinado en arruinar sus perspectivas de obtener un jugoso bono por resultados a fin de año.
-          Piénsalo un momento, piénsalo – le insistía nerviosamente Luis – tenemos un sistema de red que canaliza de forma personalizable el influjo de información hacia cada usuario final de cada cambio de estado de las variables monitoreadas con un claro potencial de incrementar el tráfico de manera exponencial en términos generales, pero asimétrico en el acceso, ese flujo se puede redireccionar y replicar instantáneamente hacia todos los servidores y terminales, que es justo lo que van a hacer porque no tienen porqué no hacerlo, incluidos nuevos canales de información más allá del puesto de trabajo propio, como sus dispositivos portátiles, celulares, tablets y cualquier ambiente virtual donde el tipo se mueva, incluidos sus perfiles de redes sociales y comunicación instantánea, para ellos, sus colaboradores, su secretaria, sus clientes, su jefe, todo eso además disparándole a cada uno la opción de acceder a la data histórica de cada una de las variables y de agrupar y cruzar a voluntad cualquiera de ellas en cualquier período…
-          ¿Y qué? ¿Y qué? – contenía las ganas de boxearlo el actuario – ¡Es el software más potente del mercado latinoamericano! Incluye todas las bases de datos, integra todos los medios virtuales, unifica todas las interfaces, trabaja preprogramado, automático o personalizado, sólo o controlado ¡No hay nada fuera de Londres, Frankfurt o Wall Street a la altura de esto! ¿Cuál es tu  maldito problema? – lo arrinconaba conteniendo su furia.
-          ¿Realmente crees que esos idiotas pueden parametrizar correctamente semejante programa? - le espetó indignado, pero no terminaba de decirlo cuando comenzaba a arrepentirse. El actuario a su lado, volvería a reconocer su supuesta megalomanía y delirio de superioridad técnica.
-          Estoy harto de ti - le respondía el actuario reprimiendo su cólera - estos "idiotas" hacen millones al año. Me recontracago en lo que tú te crees que sabes más que ellos – interceptaba un mesero para robarle otra copa de champagne. 
-          Ok, ok – tomaba aire el ingeniero; la cuestión se estaba saliendo de madres, trataría de ordenar sus pensamientos para ser claro – tenemos una estructura de información que va a segmentar los datos discrecionalmente a cada usuario, los va a esparcir como la plaga inmediatamente, y te va a ofrecer cruzarlo y procesarlo como quieras, pero la adquisición de esa información y el tiempo de procesamiento de cada usuario va a ser necesariamente asincrónico y la falta de una estructura común en los datos va a imposibilitar que haya relaciones claras entre cada universo de datos de cada usuario.
El hecho que Pablo se mantuviera callado con cara de perro, pero no lo golpeara, lo alentó a seguir. Tomó aire y continuó.
 
 
-          En un escenario con muchas variables, de alta volatilidad – iba enumerando con los dedos – un sistema de alta producción, con duplicación masiva y automática, de datos complejos, en canales múltiples, recursos extra de bases de datos externas, con adquisición asincrónica, sin estructura de datos común, muy pobre relación señal-ruido – se le habían acabado los dedos –  contradicciones, errores de interpretación, dinero que desaparece, la presión…
-          Estás loco – lo desdeñó secamente Pablo, y se alejó sin más, engulléndose de golpe su copa de champagne.