miércoles, 27 de agosto de 2014

15. Fuga de Gas

Vaca Muerta, Provincia del Neuquén, Argentina.


No eran buenas noticias. Los resultados de las nuevas pruebas eran consistentes con los de la semana anterior. Nahuel había tenido que insistirle a Valeria para que se tomara la tarde y poder estar a solas para pensar. Ella había protestado, como siempre, reticente a guardarse sus opiniones donde le cupieran. Su lado débil quería comprenderla; realmente no había un carajo que hacer en las ocres tardes de Añelo más que estar juntos, pero toda la vorágine de su nueva vida lo estaba volviendo más apático y distante.
El poder lo estaba transfigurando. Ya casi no filtraba lo que decía, y a pesar de ello cada vez menos alguien osaba contradecirlo. Podía sentir su voluntad convirtiéndose en una fuerza implacablemente transformadora. Cada vez era mayor la presteza con la que quitaba de su camino los escollos. Tomó la segunda pastilla de la tarde, que lo esperaba en un platito junto al vaso de agua. Era la sexta de la decena que consumía por día, para dormir, para despertarse, para la presión, las erecciones, los dolores, el colesterol. Estaba fofo e hinchado, y la hernia de disco había vuelto a torturarlo luego de años de pacífica convivencia. Claramente no tenía edad para tanta pirueta, pero no estaba dispuesto a resignarse y recostarse mientras lo montan en la cama como si fuera un viejo verde. Este sería solo un escollo más, tal vez más grande que los anteriores, pero sabría patearlo fuera de su camino.
Levantó el teléfono para devolverle el llamado al Gerente de Planta antes que éste finalmente se viera obligado a encontrarlo en su celular. El número lo tenía, de manera que simplemente llamar a su oficina a la hora que él salía a almorzar había sido una clara advertencia de algo grueso que se le venía. Los primeros quince minutos de la conversación habían sido campechanos e intrascendentes: vinos, rally, fútbol, prostitutas… tantas previsiones y rodeos le demostraron que su superior estaba dispuesto a ayudarlo hasta donde pudiera para cubrir cualquier incidente, o a traicionarlo y dejarlo secarse al sol ni bien calculara que el incidente era demasiado grande para tapar.


-          De acuerdo al informe que me llega, el medidor de una boca de pozo del “peine” 23 registra un aumento de presión en la cavidad intermedia del tubo – arrancó el gerente con tono distendido, casi denunciando el tedio de tener que cambiarle de tema para hablarle de ello.
-          See… lo estamos monitoreando – imitaba Nahuel su pantomima – todavía no significa nada concreto.
-          Bien… ok… – resopló, mientras pasaba audiblemente las hojas del informe, buscando ganar algo de tiempo para encontrar cómo formular la pregunta sin delatarse demasiado – ahora… hmmm… entiendo que podría ser una filtración en el caño interno del pozo… no le veo mucha más vuelta que esa…
-          Probablemente, pero hay que ver hasta dónde llega el problema y a qué se debe – le confirmó impasible para transmitirle confianza – tal vez tengamos una mayor corrosividad en esa perforación en particular, y sea un tema aislado…
-          ¿Y si no? – la pregunta salió demasiado directa para mantener el disimulo. El instante de silencio fue incómodo para ambos.
-          ¿Te referís a si sucede en otros lados? – trató Nahuel de retomar la conversación – puede que tampoco signifique nada… el caño interno va a perder hasta que la presión en la cavidad intermedia se equipare… – pero el silencio de su interlocutor lo obligaba a continuar – tenemos que medir si la corrosividad que fue suficiente para perforar el caño interno es también suficiente para perforar la manga, probablemente no…
-          ¿Por? – indagaba el gerente ya sin ninguna simpatía.
-          Porque la corrosividad dentro del caño interno se renueva constantemente… – “mhm” – de manera que para que pueda corroer el caño exterior tiene que haber un flujo y reflujo que mantenga la corrosividad en la cavidad intermedia, y eso implica varias filtraciones... lo que tenemos ahora puede ser sólo un tubo mal montado…
-          ¿Vos creés? – le preguntó con un escepticismo que ya le resultaba amenazante.
-          Te puedo decir lo que creo – cambiaba el tono el ingeniero, y la conversación ya no tenía nada de amena – pero te estoy diciendo lo que se: los tubos internos pueden o no perforarse por la corrosividad del yacimiento, las perforaciones pueden o no ser suficientes para transmitir la corrosividad a la cavidad intermedia, esa corrosividad puede o no perforar el tubo externo y si tuviéramos un escape, éste puede o no llegar a la superficie, y si llegara, probablemente nadie lo notaría porque allá afuera es un maldito desierto...  resopló, buscando bajar el tono  Pero hoy no sabemos nada de eso, y durante meses no vamos a saberlo  finalmente no pudo contenerse  y durante años no va a saberlo nadie más…
Está todo dicho. Querías escucharlo y lo habías escuchado. Te quedaste mudo. Ya no vamos a tener que conversar 15 minutos de estupideces antes de entrar en tema cada vez que hablemos. Imbécil. ¿Qué pensabas que podías hacer al respecto?
-          Arrancamos con los tubos nuevos en el “peine” 21 – le dijo el ingeniero para ayudarlo a tragarse el sapo, aunque fuera un dato puramente circunstancial – la filtración es en el “peine” 23.
-          Quiero que me tengas al tanto de esto, Nahuel – le contestó su jefe – lo digo en serio.
Ni bien cortó, Nahuel tomó una de las pastillas “extra” que tenía para estos casos. Hoy si que iba a hacerla gritar.