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domingo, 19 de abril de 2015

34. Usuarios…

Montevideo, Uruguay.
  

Patricia era un genio. Si en una habitación colocabas mil personas, la estadística decía que novecientos noventa y nueve eran mentalmente más lentos que ella. Como resultado, el mundo se movía demasiado despacio a su alrededor. Su mente no solamente percibía lo que pasaba, sino que indagaba lo que había pasado, proyectaba lo que podía pasar y fantaseaba sobre infinidad de variaciones. Todo al mismo tiempo. Muchas veces, esas disquisiciones resultaban más interesantes que la tediosa realidad. Muchas veces, la realidad debía esperar a que sus elucubraciones hicieran un paréntesis. Realmente le molestaba que la interrumpieran cuando estaba pensando… y siempre estaba pensando. De manera que se había ido refugiando en su lugar de tranquilidad para evitar que sucediera tan a menudo.
Su afección por la programación informática le había llegado tarde en la vida. Tenía para entonces más intereses y hobbies de los que pudiera haber libros en las librerías de su barrio. Pero había resultado ser un singular descubrimiento. Al parecer, alguna gente estaba dispuesta a pagar mucho dinero para que ella jugara con sus programas. Así había nacido Debugging, su firma unipersonal de consultoría informática, especializada en encontrar el granito de arena en los más descomunales engranajes de funciones, argumentos, parámetros, rutinas y procedimientos. Patricia había tenido que tomar ciertos recaudos para asegurarse que los quehaceres de ese emprendimiento no la molestaran en los momentos en los que trabajar no ameritaba su interés. Por ello había constituido Debugging como una sociedad anónima en Seychelles, controlada por un fondo de inversión panameño, solventado por un fideicomiso establecido en las islas Caimán, cuyo único accionista era una cuenta codificada en Suiza. Tampoco apreciaba que la estuvieran persiguiendo con llamados telefónicos y correos electrónicos, así que se manejaba únicamente por chat, siempre con una plataforma y usuario distinto, transmitiendo a través de media docena de anonimizadores desperdigados por el mundo. Salvo para los más dedicados, era sólo una leyenda urbana de los foros virtuales de hackers, y como nunca se había buscado problemas, ninguna agencia de seguridad pública o privada había hecho un esfuerzo serio por rastrearla.


Su último cliente decía ser funcionario del gobierno peruano en misión oficial, pero el pago había llegado a Bahamas a través de un depósito en efectivo. Realmente no importaba. El software de operadores bursátiles de alta frecuencia que le habían enviado no era ningún secreto, sino que estaba disponible comercialmente, y el cliente no buscaba aprender a romperlo, sino ver cómo era que ya se había roto. El sorpresivo crash de la Bolsa de Lima había inundado todos los medios latinoamericanos, pero no había un solo periodista “especializado” que lo explicara con un mínimo atisbo de sentido. Sarta de charlatanes, tratando de aparentar para mantener su trabajo. Una mínima mirada al programa les hubiera ahorrado toneladas de arteros rodeos en los titulares, alegorías infantiles para el público en general y rebuscadas falacias en los análisis detallados. Se imaginó que cuando se los explicara no podrían creerlo, y si alguna vez lo hacían, en última instancia no se lo reconocerían. Nadie disfruta descubriendo que es estúpido. Se conectó.

-          Hi :o) – qué encontré hola encantada de conocerte “fixer” idiota no te quedes conversando solo en la otra habitación te espera “F-U” si no es “fu” como en Kung-fu la gente no tiene modales holaaa me has encontrado parece que tienes un problema para encontrar “FxR” qué esperabas que encuentre bo encontrar implica que algo está escondido claramente o perdido que no es el caso te pongo un avatar de panda para que no te ofendas :P cáptalo solo “FXr” y aprende XD aprender no le hace mal a nadie perdón hola gracias esto está mejor no estas solo no es cierto “fixR” te da pudor hablar como una persona normal tal vez siglas te parece no lo creo un tanto pretencioso ya está hecha y la pisaste pero no vos esa es la sutil diferencia no creo que haya mucho para arreglar te estás luciendo los de la suela sucia te están mirando esto no te va a gustar ni a ellos en fin
-          Trojan =:O – si un caballo de madera vacío estás sorprendido bo yo también pero nadie entiende mis emoticones ustedes le abrieron las puertas lo hace más personal no hay nada malo con tu software digo no somos máquinas ni siquiera tenía soldados griegos dentro la revolución suicida troyana se lo hicieron solos tengo que conocer Mykonos todos los imperios colapsan hacia dentro tus usuarios tendrían que haberle preguntado a Helena te la das de princesa tomando sol en una playa nudista a las orillas del Egeo ella los conocía usuarios estás digiriéndolo es como ese trago con remolacha y vermouth que te invitó Santiago hay ciertas similitudes queridoooo no tengo todo el día stack-overflow f lee i opina x se enoja e duda que estás haciendo r hay una h siempre hay una h muda denial of user attack hola h quieres venir conmigo a Mykonos


-          PEBKAC – entiéndelo no hay peor sordo no hay nada que resolver me estás arruinando las vacaciones busca entre la silla y el teclado una suscripción no es spam una red zombie de usuarios zombies data smog no leíste a Toffler bo producción duplicación multiplicación contradicción la Torre de Babel los Jardines Colgantes quiero conocer Egipto h es muda y brillante Delfos o histérica y estúpida tarda demasiado Cassandra wow puntos suspensivos no se pongan densos la Muralla China hoy tengo clase cuánto tarda borrar 2000 mails aburríssss selfie con h en el Coliseo decime gracias y listo
-          wtf >( – eso estuvo mal bo over 9000 otra vez lo arruinaste cambio y fuera balls-overflow métanse el segundo pago en el culo de nuevo Cassandra yo si se lo que hago basta de hablarme sabía que eras un estúpido la maldición es aburrido ser inteligente dónde están mis medias por algo no lo encontraste la vida no tiene sorpresas 1+1 esto fue por algo tengo que ir a Kyudo no lo ven arde Troya y nadie va a creerte /b/ power me dio como para seis meses tu dinero no desapareció se fue a otro lado yo no quería que pasara las casualidades no existen porqué lo hiciste tengo que cambiar el arco el logout es automático la sangre no veo las llaves Apolo basta no quiero Príamo yo no por algo pasó estás loca bastaaaa vas a aplastarte las orejas no quiero mocosa soy Helena no soy Cassandra eskizo soy Helena era un arma maliciosa está bien quiero conocer el Egeo está bien no llores


martes, 17 de febrero de 2015

32. Lima 1315

Lima, Perú.


Luis disfrutaba de holgazanear un rato más en la cama, deleitándose viendo a Sherezade pasearse semidesnuda de aquí para allá mientras se secaba el pelo, se encremaba, tomaba sus vitaminas, elongaba, elegía qué ponerse, y todas esas cosas que cada mañana hacía una mujer tan incomprensiblemente vital desde el minuto que se levantaba. Él estaba dispuesto a encarar ese viernes de forma relajada. La noche anterior habían salido, tomado, comido, tomado, bailado, tomado y vuelto al penthouse a revolcarse hasta que el sol comenzaba a despuntar. Poder arrancar a mediodía no le pasaba seguido, así que mejor hacerlo valer. Los socios de Dyrah habían organizado un día al aire libre para reforzar el espíritu de equipo o algo así. Una de esas excentricidades posmodernas para compensar la denigrante explotación a la que eran sometidos los “jóvenes profesionales” en las empresas de vanguardia, por hacerse de experiencia y currículum. A diferencia de la diligente Sherezade, él ya no estaba impelido a cumplir con esos estúpidos rituales. Luego de la implementación del proyecto de los operadores bursátiles de alta frecuencia, se había convertido en Junior Partner y el halo del “éxito” lo distinguía de los demás simples mortales.
-          ¡Luis! – lo llamó desde el living – ¡Ven pronto, tienes que ver las noticias!
-          ¡Estoy desayunando! ¡Dime en qué canal! – le respondió molesto, cabeceando sin demasiado entusiasmo para ver si encontraba a su alrededor el control remoto del televisor de la cocina.
Lima no es un lugar donde valga la pena tener toneladas de dinero. Seis meses de obra le tardó conseguir el departamento a su medida, derribando las paredes de tres unidades para conseguir algo decente como en otras ciudades del mundo. En consecuencia, el amplísimo departamento los estaba acostumbrando a comunicarse a los gritos. Problemas de ricos. Afortunadamente, en cada ambiente había un televisor. Nada lo iba a interrumpir mientras experimentaba vertiendo un chorrito de ese refinado licor francés de frambuesas negras en su tazón de cereales con frutas secas. Después de todo, la botella le había costado tres millones de dólares.
-          Me voy para la oficina – anunció apresurada asomándose a la cocina – tengo 873 mensajes nuevos y 19 llamadas perdidas – le advirtió con seriedad mostrando su celular – Luis, tienes que prender el noticiero, puede ser importante.
Él la dispensó con un gesto desdeñoso, mientras se recostaba en la silla y ponía las piernas sobre la mesada, haciendo un dramatizado gemido de placer al degustar la primera cucharada de su excéntrico preparado. Ella partió desairada. Histérica. Aprende a configurar el anti-spam y no me molestes. No sabes lo que es bueno. Luis manoteó su celular, lo puso en el bolsillo del pantalón de su pijama de seda y salió con su tazón al balcón terraza, apoyándose en la baranda para verla partir. Extraño… todos esos móviles de la policía.
La pequeña figura de Sherezade apareció diecinueve pisos más abajo atravesando a paso ligero el jardín y la cabina de seguridad hacia la calle. Inmediatamente, unos hombres se abalanzaron sobre ella. El desayuno de Luis cayó al piso cuando la vio siendo arrastrada dentro de un auto, que emprendía la marcha velozmente. La habían secuestrado. ¿No lo han visto? Serían narcos o algo. ¿Cómo no lo vieron? Debía llamar de inmediato a “Pipo”, el jefe de seguridad del estudio. Él conocía a todos los comisarios y sabría qué hacer.


Se detuvo en seco ni bien volvió a entrar al living. 946 mensajes nuevos, 36 llamadas perdidas. Por primera vez notó la pantalla de la televisión cruzada por un titular de “Crash Bursátil” y la tira de cotizaciones de treinta puntos en rojo desfilando por el teletexto. Su corazón comenzó a zapatearle el pecho. Recorría su bandeja de entrada tratando de encontrar alguna pista, pero era imposible, la avalancha de alertas de cotización le impedía encontrar nada. De a 25 encabezados por vez, tuvo que latigar la pantalla casi 40 veces para vislumbrar al menos a la pasada los textos de Asunto. Al final, eran todos una seguidilla de Re: y Fw: de las alertas anteriores. Le estaba llevando demasiado tiempo. Tenía que poder filtrarlo. Un sudor frío lo iba invadiendo. Lo hizo saltar el chirrido del portero eléctrico. Caminaba hacia él inmerso en su celular. Mensaje del “Turco”, su jefe. Es éste. El portero eléctrico insistía. Ya va, carajo. “Lima 1315”. ¿WTF?
-          ¿Quién es? – atendía molesto. ¿Qué pasa en Lima? ¿Una acción a 1315? ¿Bonos de Lima? ¿Reunión en Lima? ¿A las 13:15? ¿Dónde? – ¿Hola? Hooolaaa – Lima… Lima… ¡Vamos, piensa! Vamos… “Vamos en el Lima” podía escuchar al “Turco” en su mente “Vamos en el Lima” “Fuimos en el Lima” claro, el Lear Jet, es Lima Zulu… algo, pero no es 1315. Maldito portero eléctrico – colgó – a las 13:15, en el Lear, a las 13:15… se están rajando a la mierda – quedaba petrificado – hijos de puta se están rajando a la mierda – reaccionaba – ¡12:37! ¡'tamadrecarajo! – corrió a buscar las llaves del Porsche. Aunque fuera en pijama, todavía podía llegar. El estruendo lo detuvo a un paso de la puerta principal.
-          ¡Policía! ¡Abra Barrios! Sabemos que está ahí. –  los golpes eran cada vez más violentos.
Luis corrió hacia la puerta de servicio, pero antes de llegar escuchó el mazazo tratando de derribarla. Instintivamente, se dirigió hacia el balcón. Tenía que salir de allí. Tenía que llegar al avión. La terraza de Susana, su vecina de abajo. Se tiró al suelo y llegó al final de la terraza gateando. Ya estaban en el living. Todo un grupo comando. Trepó a la baranda temblando. Comenzó despacio a descender. Recién entonces lo invadió el vértigo. Se paralizó. Transpiraba. El jardín se veía cada vez más diminuto, colgado a diecinueve pisos de altura; doble altura… Observaba una paloma acercándose por la cornisa como si se tratara de un tigre de Bengala acechándolo.


-          Así quería encontrarlo… – sonreía el militar, asomándose por sobre la baranda de la terraza. Su pesado borcego aplastaba inclemente la mano del frustrado prófugo, reteniéndolo. Uno de los comandos se acercó al coronel Aranda para entregarle el celular que habían encontrado tirado en el suelo. Desenfundó con un rápido reflejo al descubrir por los gemidos de dolor al sospechoso, suspendido en el vacío. Miraba incierto a su superior, quien revisaba el dispositivo inconmovible.
-          Lima 1315 – Aranda se asomaba para interrogarlo – Dígame qué significa.
-          Muérase maldito estúpido – replicaba envalentonado Luis. El persistente dolor había ahuyentado el miedo, transformándolo en indignación. Estos matones no podrían imputarle nada. Era más inteligente que ellos. Tenía dinero. Era poderoso. Voy a joderlos por esto. Dyrah tiene los mejores abogados…
Todo eso pensaba en el momento en que el coronel Aranda retiró el pesado borcego de su entumecida mano, que ya no pudo aferrarlo.

martes, 10 de febrero de 2015

31. Viernes Negro

Lima, Perú



Las bolsas del Mercado Integrado Latinoamericano abrieron con presiones sobre el tipo de cambio. Se iba a mover mucho dinero de acá para allá y eso generaba tensiones. Los gobiernos debían salir a responder o las tensiones comenzarían a afectar los precios y encarecer los flujos. Malditos mensajitos. Tengo que desactivar esta cosa antes que me vuelva loco.
-          Ni locos Eusebio, no van a salir a vender dólares el mismo día que salen a pedirlos – le justificaba al operador su amigo en el Banco Central al teléfono – un poco de presión inflacionaria reactivará el consumo; recuerda que no están emitiendo Letras para atesorar, sino para transferirle al gobierno y dilapidarlo en su campaña de la dignidad patriótica y todo eso…
Necios. ¿Creen que sus jugarretas no tendrán consecuencias? Si no fuera por ellos, lo que saliera por la mañana hacia Santiago y Bogotá, volvería por la tarde a Lima. Pero estaban utilizando el tipo de cambio como una tasa al movimiento de capital que terminaría perjudicándolos. Le pasó el celular a Elizabeth para que le desactive las notificaciones. El cachivache no paraba de recibir mensajes.
-          No te veo registrando operaciones – lo indagaba su jefe – todos quieren vender, así que dales algo que comprar.
Vender era caro, moverse era caro, comprar era caro y todo estaba a la baja. ¿Por qué demonios estaban todos tan exaltados? Nadie se había tomado el tiempo de leer el informe de S&P. Esto rebota mañana, cuando Moody’s se encargue de invalidarlo. Su computadora estaba tan loca como las demás, pero no le importaba, justamente para poner paños fríos estaban las personas.
Le costaba pensar con claridad con sus colegas gritando al teléfono, su computadora disparándole constantemente notificaciones de cotización y sus clientes llamándolo para pedirle una respuesta que no querían escuchar. No se muevan, no es real. El informe no dice nada. Va a rebotar. Tiene que rebotar. No pasa nada, no es real. Sin embargo, de momentos parecía volverse real. En ese mismo instante, volúmenes operados en títulos estaban creciendo demasiado. Esto ya no eran computadoras explorando precios. Alguien estaba jugando siguiendo las reglas de las máquinas. Tengo que hacer una llamada. ¡Elizabeth!
-          ¡No estamos vendiendo, carajo! ¡Estamos liquidando! – le espetaba su colega, agente de un fondo de inversión institucional – es una estúpida restricción estatutaria del fondo, no podemos tener esos condenados “bonos basura” en nuestra cartera.
“Bonos basura”… la mala palabra. Hasta ayer eran anclas de largo plazo, y ahora eran un activo de riesgo que ensuciaba el rating de sus carteras. No era que hubieran perdido ni un centavo de los intereses que pensaban ganar, que ni siquiera eran muchos. Los bonos ya no cumplían su función. No daban ganancias, ni tampoco seguridad. Con las ventas de los fondos institucionales, las cotizaciones de los operadores de alta frecuencia se convertían de manera artificial en oficialmente reales.
-          Puede sonar desconsiderado – se disculpaba el operador ante su atribulado interlocutor – pero la caída de todos ustedes va a servir para equilibrar las cosas con Santiago y tal vez ayude a morigerar las bajas por acá – las inversiones tenían una gran participación chilena, de manera que deberían ponerle el hombro a esto juntos si no querían que Lima los arrastrara.
-          No seas imbécil ¡Qué poco conoces a estos tipos! – le reventaba la burbuja – Son participaciones colateralizadas. Ellos son los que crean los fondos y sus reglas, son los que lo fondean primero, son los primeros en cobrar si hay, y los últimos en no cobrar si no hay. Créeme, al final del día, esto no va a repercutir en los bancos de Santiago. De hecho, vamos a terminar poniendo nuestra puta cuota de bonos en los malditos fondos de ellos que tienen nuestros mismos papeles de mierda, pero como super seniors. – Estaban complicados. Validando transacciones infladas por la coyuntura para blanquear sus libros. Como estaban estructurados, no tenían elección. Les iba a salir muy cara la movida.
-          Lo loco sería que ellos compren tu parte por nada, con lo que tú le compras a ellos con la venta de lo tuyo…– intentó ser gracioso, pero resultó inquietante – ¿hola? ¿Isaac, estás ahí? – su colega se había alejado corriendo del teléfono.
Cae Luz del Sur y el sector de las eléctricas. Los servicios y las perspectivas de inflación no se llevan bien con las tarifas reguladas, en especial sin fondeo y con costos en dólares en alza. Carajo. Otra marca roja en el Índice General. Más notificaciones. Más clientes nerviosos. A estos no iba a poder convencerlos de no moverse a Bogotá o Santiago. ¿Por qué rayos no salieron a defender la moneda?
-          Vale, Eusebio, si llegas a 400, anótame con 35 – sólo 275 por ahora y empeorando. Paciencia. Todavía es temprano.
-          ¡Eusebio! ¡Deja de rascarte el culo! – lo increpaba nuevamente su jefe – ¿Dónde diablos están tus operaciones?
-          ¡Estoy confirmando 400 millones en Letras! – se defendía el operador – ¡A ver si tus pendejos logran algo semejante!
-          ¡Maldita sea, Eusebio! ¡Esas Letras son pura mierda! – golpeaba con furia sobre el escritorio – La tasa es muy baja, el plazo muy largo. Todavía no han sido adjudicadas y ya proyectan 9 puntos abajo. ¡Mira tu maldita pantalla!
-          La tasa y el plazo estaban perfectamente bien el día de ayer – se oponía el operador – estos precios no son reales ¡No tienen sentido! – cientos de cotizaciones de reserva poblaban la pizarra. Si bien no se ejecutaban, trastocaban todos los cálculos. Todos quieren vender, pero no hay compradores, no hay dinero ¡y estas malditas alertas no dejan de llegar todo el tiempo!


-          Cerro Verde +1… las mineras… las mineras están bien… ¿qué mantiene a las mineras? Qué es, qué es… – escrutaba sus pantallas llenas de números y gráficos, mercado a mercado, hasta finalmente encontrarlo – por supuesto, futuros…
El dinero se refugiaba en las commodities. No en lo inmediato, por supuesto ¿Quién quiere para mañana 100,000 toneladas de hierro? Pero las opciones de compraventa a futuro constituían una eficaz reserva de valor. Se podía montar una enorme operación con relativamente “poco dinero” utilizando opciones a futuro, pero no eran instrumentos simples de cotizar. Algún operador especializado estaba poniendo muchas veces ese “poco dinero” para poder salvaguardar las perspectivas futuras de las mineras, y su cotización actual. ¿De dónde habían salido todos esos papeles?
-          A ver… qué más tenemos en futuros – repasaba su pantalla –  ¡Matías! ¿Qué son esas opciones “Cláusula 15”?
-          El seguro de cambio de los swaps de comercio exterior – le respondió el joven mecánicamente, segundos antes que los ojos se le abrieran como platos y casi se cayera de la silla – el Sol perdió nueve puntos y medio ¡los seguros se disparan en 10!
Iceberg a proa…
-          Puedes anotarme con 15, por los 15 años que nos conocemos – le concedía un cliente al que había tenido poco menos que rogarle – espero no arrepentirme de esto Eusebio, estamos yendo en contra de lo que opina todo el mundo…
¡Si! Ejem… Si, seguro, gracias, no te preocupes, te agradezco, bla… tengo 400. Vamos a confirmar montos – se hundía en su terminal – y a cerrar operaciones… ¿Dónde están los 60 de Montero? No están, no los tengo… Están operados… Hugo Aberna… Ladrón.
-          ¡Maldito perro traidor! – se abalanzaba sobre el cuello de su subordinado – ¡te llevaste el dinero de Montero!
Dos colegas se abalanzaron sobre él para sacárselo de las manos. El escándalo de gritos e insultos no llegaba a conmocionar una oficina, sumida en un espiral frenético de avaricia. Los demás lobos estaban cazando en su rebaño. Saboteando sus negocios a su espalda. Sentía que de reojo lo miraban con reprobación por portarse como un chiquillo. Contrólate vejestorio. Te robó un cliente ¿y qué? La fidelidad no es una virtud de las finanzas. Hugo Aberna... mocoso maldito… yo mismo te enseñé…
-          ¡Corrida! ¡Tenemos una corrida! – pasaba gritando con una felicidad maniática el jefe – ¡Salgan a salvar a sus clientes!
Está loco. Todos están locos. Hay corrida porque corremos. Van a salir a hacerlos correr. A cualquier lado, no importa. Ya no vendían botes salvavidas, vendían camarotes. Sólo les importa embolsarse las comisiones. Un operador que parecía a punto de llorar con su cliente al teléfono, cortaba y lanzaba una carcajada mientras registraba su operación. Era un psicópata; un demente. Eusebio retrocedía lentamente, desmoronándose del horror.
La pizarra mostraba rojos catastróficos; cotizaciones 20 y 30 puntos abajo. La comisión reguladora vetaba transacciones fuera de los márgenes y sacaba de pizarra uno tras otro los papeles que iban colapsando. Eran personas saltando al precipicio, luego que las computadoras los pusieran con los dedos de los pies en el aire, ofertando a menos de un centésimo de los breakers. El mercado de divisas derrumbaba todo desde los cimientos. Se habían arbitrado cientos de millones en seguros de cambio, chilenos, colombianos, chinos y la novedad eran también los brasileros y mejicanos… miles de millones… las reservas del Banco Central se desplomaban y el Nuevo Sol perdía 3% en cinco minutos. Paren todo. Paren. Su deseo surgía como una plegaria.
Abajo, en el piso, aún por sobre el anárquico griterío, se oyó el disparo de un arma de fuego. Alguien se había volado la tapa de los sesos. Tres minutos después, la Bolsa de Lima cerraba prematuramente sus operaciones. Había pasado hora y media desde la apertura.


La consternación inundaba la oficina, sacudiendo todavía internamente a los operadores y agentes que intentaban recuperarse de la orgiástica carnicería de la que habían participado. Aranzazu lagrimeaba frente a la pantalla, mirando la noticia del suicida. Jairo reía con sus pares, con los pantalones orinados por no haberse perdido cerrar un trato. Andrés se acurrucaba bajo su escritorio temblando, Emilio y Fernanda se besaban apasionadamente en un rincón. Raquel con un papelito, aspiraba discretamente para festejar, Norberto engullía dos pastillas para coronar el orgasmo de su codicia realizada. No podía reconocerlo. Ni reconocerse. Era obsceno. Su celular lo convocó a la realidad. Mágicamente, se había curado de la epilepsia de notificaciones que había sufrido toda la mañana.
-          ¡Tú y el resto de los buitres parásitos de mierda son responsables de esta corrida! – lo acusaba furioso su amigo desde el Banco Central sin mediar introducción – ¿dónde estuvieron los 800 que me habías prometido, eh? ¿solo 60? ¿y encima de un narco? ¿qué es lo que me quieren plantar, eh? ¿crees que soy estúpido? ¿vienen por mi cabeza, parásitos? ¿los estás ayudando, traidor? – Eusebio intentaba en vano detener su locura, le estaba gritando desencajado – ¡No vas a obtener nada de mi! ¡Lacras! ¡Ninguno de ustedes! ¡Voy a investigarlos y voy a hacerlos pedazos! Maldito hijo de – la llamada se cortó abruptamente cuando el celular oficial de su amigo se estrelló contra la pared.
El operador tuvo que reclinarse sobre su escritorio para recuperar el aire. ¿Cómo podía dudar de él?
-          ¡Eusebio! ¡Inútil de mierda! ¡No tengo una maldita operación tuya registrada! – se le abalanzaba su jefe como una tromba – ¡No van a adjudicar las putas Letras del Central, así que no te queda nada! ¡Te dije que esas Letras eran pura mierda! ¡Viejo inservible! ¡La corrida más grande del último siglo y no levantas ni una sola comisión! ¡Estás despedido! ¡Fuera de aquí! ¡Fuera! – manoteaba violentamente su portalápices, que volaba hacia su persona.
Agazapado con las manos en el rostro, no encontraba el valor para erguirse y que lo vieran. No podía emitir palabra. El horror lo avergonzaba de lo que era; el fracaso de lo que no era. La vergüenza le dolía en el pecho. Le costaba respirar. El tardío pensamiento de su familia llegó fugaz recién cuando ya no pudo hacerlo.
Su jefe había partido raudamente. De espaldas, no llegó a ver cuando Eusebio se desplomaba fulminado por un infarto.


jueves, 22 de enero de 2015

30. Calificadoras

Lima, Perú



Su voz de fastidio al atender pondría de inmediato a su interlocutor en circunstancia. Algún día podría ser importante, pero seguro tampoco hoy. Ella debía ser la única que podía despertarlo llamándolo a las cuatro de la mañana. Era demasiado estúpida como para entender que hay seis horas de diferencia entre Italia y Perú. ¿Qué demonios puede estar pasando que sea tan urgente? ¿Algún problema con la tarjeta de crédito te está privando de comprarte el centésimo par de zapatos?
Frankfurt debe haber abierto ya. Golpeó el teclado de su laptop para quitar el protector de pantalla. Ahora que su tercera esposa estaba de viaje, podía dormir junto a ella, y sentía que había ganado con el trueque. – ¿Te parece momento para bombardearme con tus reproches? – Bloomberg. No te veo sufriendo tanto, viajando a Europa diez veces al año a mi costa. “S&P: Perú pierde investment grade”. Wow… – Mira, ahora tengo que trabajar ¿podemos hablar en otro momento? – ¿Qué demonios? ¿BB-? – Si, ya sé que son las cuatro de la mañana. ¡También es temprano para estar regañándome! – “una baja de calificación adelantada por Dagong que probablemente será acompañada por otras agencias” – ¿De qué wea estás hablando, mujer? ¡No vamos a cambiar de colegio a los chicos! – ya tengo pagada su matrícula hasta la universidad, y deducida de mi impuesto a las ganancias. Ahora se quedan allí. ¿DBRS también? Tenemos algún margen ahí… hmmm. Si, vete a comprar zapatos a ver si se te despeja la histeria.
Echado en su amplia cama king-size, en paños menores, el corredor de bolsa aprovechaba lo que podría ser uno de los pocos momentos de tranquilidad en su día para hojear el informe de la calificadora de riesgo internacional, que degradaba la deuda pública del Perú. Iba a ser el tema del día. Contenía términos un tanto quisquillosos para con asuntos típicos de la política de un país en vías de desarrollo. Esos cuellos blancos parecían no poder separar las estupideces de la política de la capacidad de hacer negocios. Buenos negocios. La paradoja del Tercer Mundo. De hecho, cuanto más estúpida es la política, mejores son los negocios.
El timing del informe era brutal, podrían haberlo emitido unos días antes. Como noticia de último momento, iba a causar más efecto. Iba a hacerlo quedar mal con sus clientes. El Banco Central peruano tenía previsto ese día hacer una colocación de Letras del Tesoro que se vería seriamente perjudicada. Tenía a varios apalabrados para comprar, pero las cosas cambiarían con los titulares haciendo eco del informe en los diarios de la mañana.
El corredor no fue el único que durmió poco esa noche. Los técnicos de Dyrah mientras tanto lanzaron una actualización automática del software para los Operadores de Alta Frecuencia de sus clientes.
Cuando “la María” entró en la habitación para descorrer las cortinas y dejar entrar los primeros rayos de sol, el corredor hacía casi tres horas que estaba analizando toda la información del mercado para ese día. Si sabían manejarlo, no tenía por qué ser tan grave.
-          Don Eusebio, usted trabaja demasiado – lo reprendió amablemente la corpulenta dominicana, acercándole el carrito con su desayuno – Ya ha llegado la señorita Elizabeth – le comunicaba sonriendo con complicidad – ¿Quiere que le diga que pase?
-          No, gracias, María – corría la maraña de dispositivos desperdigados en la cama para poder levantarse – el día ha comenzado agitado y debemos irnos temprano – todavía no había dado el primer paso del día y ya le dolían las articulaciones. Trabajar desde la cama tenía lo peor de sus cotidianos vicios de sedentario. Recuperó el vigor bajando la pastilla de la presión con un buen trago de jugo de naranja recién exprimido, con hielo, azúcar, una hoja de menta y jengibre. Era su curandera la María.
-          Sea compasivo, patrón – le bromeaba mientras tendía la cama – que la señorita está muy pálida ¡y usted puede darle sabor!
Eusebio Cala se estiraba caminando hacia el cuarto de baño para ducharse, riéndose para sí del inmerecido cumplido. No gracias. La señorita Elizabeth era tan frígida como su segunda esposa. Ahora tenía otras cosas que pensar. Era previsible que el mercado de bonos y futuros peruanos se ajustara siguiendo la caída de la calificación. Presión cambiaria, aumento de tasas. Dónde ir. La clave era dónde ir. Algunos trabajaban de plomeros en el Titanic, pero a él no le asustaban los naufragios. Vendía botes salvavidas.


En el auto, Elizabeth lo acosaba con el tema de su mujer y el colegio de los chicos. La bruja parecía haber encontrado en ella a una aliada. Pero debería esperar. Los ejecutivos ya estaban recibiendo las noticias de la mañana y pidiéndole explicaciones al respecto.
-          Está bien – accedía finalmente su cliente, luego de una charla demasiado larga para una mañana demasiado vertiginosa – si consigues convencer a otros 300 millones, puedes anotar mis 30 – había recuperado el primero de sus compradores de las Letras del tesoro. Con una condición, pero cumplible; una fórmula a la que había recurrido en otras oportunidades, una especie de “argumento de manada”. De los 600 millones apalabrados, debía reconvencer a la mitad para hacerlo realidad.
-          ¿Para qué mierda quiere una cuenta en Euros para los gastos del colegio? – le reprochaba ya harto a su secretaria.
-          Porque es un colegio italiano… en Italia – le aclaraba lo obvio, con cierto gesto de reproche. El teléfono volvía a sonar.
-          ¿Hola? ¡Don Ramón! – en persona, su cliente más poderoso… y peligroso. Malditas mujeres. Lo demás debería esperar.
Con un ademán nervioso, le indicaba a Elizabeth que detuviera el auto. No quería perder esta llamada por entrar en la cochera. Podía ser malinterpretado y eso podía acarrear consecuencias inesperadas. La muchacha le transmitió presurosa su orden al chofer, quien detuvo de inmediato el auto en doble fila. A pesar de las bocinas e insultos, la voluntad del jefe precedía a cualquier norma de tránsito.
-          Un amigo colombiano me ha comentado que las cosas van a complicarse en la Bolsa – en vano sería indagar quién carajos era su amigo, qué autoridad tenía para opinar o qué significaba que las cosas se complicarían.
-          Sus inversiones son seguras, Don Ramón – buscaba tranquilizarlo el operador – pero si esa persona merece su atención, también merece la mía – a veces se preguntaba si no iba demasiado lejos – si quiere puedo mover, digamos, 50 o 60 millones y colocarlos en unos nuevos bonos que salen hoy, muy seguros y a buen precio, que estoy recomendando a mis clientes – con una sonrisa, le guiñaba un ojo a Elizabeth buscando su complicidad. No la encontró. Perra frígida.
-          Yo tengo con usted una relación de confianza, Eusebio – retomaba – le confío a usted mi dinero para cuidarlo, dinero que ha costado sangre, sudor y lágrimas – “literalmente”, se imaginaba – si usted me dice que compre sesenta, yo compro sesenta, la decisión es suya – era difícil explicarle a un hombre tan frontal que “técnicamente” no funcionaba así.
-          Gracias, Don Ramón, aprecio mucho su confianza – decía humildemente, con un sincero nudo en el estómago. Ahora estaba apostando a su criterio mucho más que el dinero de alguien más. Estuvo unos minutos hipnotizado frente a su laptop, antes de confirmar la operación. Su dedo temblaba sobre la tecla ENTER. Entre bocinas e insultos, Elizabeth lo miraba angustiada.


Nunca había un Casual Friday en su oficio. Antes de la apertura, ya la oficina era un hervidero de mensajes, cálculos, proyecciones y apuestas. El ambiente se contagiaba enseguida, invadiendo los sentidos y azuzando los instintos como una raya de cocaína.
-          Está el rumor que los chilenos van a adelantar su salida – lo abordaba uno de sus subordinados a los pocos pasos de entrar – ¿Qué hacemos? ¿Compramos? Son empresas sanas…
Venían amenazando con desinvertir, luego que el gobierno pusiera la lupa sobre sus marcas como una faceta más del estúpido ida y vuelta nacionalista que se venía gestando. Si estaban decididos a achicarse, no era una mala movida. Todavía la presión no había afectado su cotización y con un dólar fortalecido y la plaza huyendo de los títulos públicos, sus acciones resultarían más atractivas. En particular con expectativas de inflación y tasas deprimidas, el retail se constituía como un buen refugio a expensas del ahorro.
-          No te costará nada venderle la idea a tus clientes, mientras no les digas que no ganarán dinero con ella – le advertía con clara ironía – Van a vender en un mal momento para comprar algo que no rinde lo que vale.
La sabiduría del consejo no llegaría a impactar al ávido jovenzuelo antes que las notificaciones del celular arrebataran su atención. Si era una idea fácil de vender, él la vendería y cobraría una jugosa e inmerecida comisión por ello. Después de todo, estaría vendiendo “seguridad” y en finanzas, eso no necesariamente implica réditos. Así que todos contentos.
-          ¡Condenado hechicero de la magia más negra! ¡Sesenta millones! ¡Por teléfono, desde el auto, antes de llegar a la oficina! – su jefe le daba una efusiva bienvenida – ¡Aprendan mocosos! ¡Este tipo puede venderle arena a un beduino! – reía.
Festéjame, desalmado chupacabra, me lo merezco. Acabo de servirte seis cifras para el desayuno. Sigue el acto del apretón de manos con un medio abrazo de dos palmadas en la espalda, ambos mirando a los demás por sobre el hombro del otro. Aprendan críos. Se como hacerlo feliz. Sabe como recompensarme. Sabe como hacerme feliz. Sabré recompensarlo. Dinero, dinero, dinero.

sábado, 21 de junio de 2014

6. Operadores de Alta Frecuencia

Lima, Perú.
 

En la última década, el capital privado chileno había invertido más de 20 mil millones de dólares en empresas en el Perú. Tanto el periodismo especializado como los comunicadores tendenciosos han remarcado esta creciente influencia chilena sobre la economía peruana, en particular en sectores que tradicionalmente son considerados estratégicos, como la energía, el transporte y el consumo masivo. En el imaginario popular, esto implicaría que en caso de guerra, se cortaría la luz de los hogares, el país quedaría paralizado y la población moriría de hambre. Por supuesto, nada de eso sucede en la realidad, y aún frente a una crisis, tanto la intangibilidad de los activos extranjeros como la continuidad de las prestaciones básicas están salvaguardadas por la ley.
Pero de cierto modo, existe algún grado de vulnerabilidad potencial en la integración económica. La cuestión es que poder llevarla a la práctica requiere de una planificación muy sutil y de largo plazo, y sus efectos en general, resultan por el contrario muy notorios e inmediatos. Englobando amenazas de la más variada naturaleza, la implantación de estos “troyanos” latentes en el corazón del sistema del enemigo, ha sido desde épocas ancestrales el tipo de operación de inteligencia más elaborado. En casos de crisis graves, también ha sido siempre el más redituable.
 
 
Desde el fondo del auditorio, Luis aplaudía con un forzado entusiasmo la obscenamente fastuosa presentación que concluía en ese momento uno de los socios de Dyrah. Los agentes bursátiles presentes parecían estúpidamente deslumbrados con el nuevo sistema de operadores computarizados de alta frecuencia, que el estudio estaba ofreciendo para la Bolsa de Lima. Por supuesto, ninguno de ellos era ingeniero informático, y por lo tanto, ninguno tenía ni la más remota idea de lo que realmente estaban comprando…
Pablo lo codeó discretamente para que cambiara la cara. A su lado, el brillante actuario sonreía entusiasta como se suponía que debía. Era la rutina infalible del cortejo del cliente, que practicaban escrupulosamente cada vez que lanzaban un nuevo proyecto. Los socios prometían más de lo que podían entregar, ofreciendo funcionalidades que el cliente no necesitaba, para culpar después a las mismas cuando no pudieran cumplir con los plazos y pidieran más dinero. Era deliciosamente extraordinario. El avance tecnológico era una gran bola de nieve que crecía alimentándose de su continua obsolescencia y de la de sus usuarios; y cada vuelta de la bola, él cobraba, cobraba y volvía a cobrar. El juego ya le había rendido conocer cinco continentes y un enorme penthouse en el centro de Lima, y esta partida iba a valerle su tan codiciada mansión sobre la playa en Viña del Mar.
 
 
Al pasar al gran salón donde servían el cóctel, Pablo zarandeó a Luis hacia un costado apartado para aclararle otra vez qué estaban haciendo allí. Era simple, lo habían hecho ya varias veces, pero por alguna esquizofrénica razón, el ingeniero estaba empecinado en arruinar sus perspectivas de obtener un jugoso bono por resultados a fin de año.
-          Piénsalo un momento, piénsalo – le insistía nerviosamente Luis – tenemos un sistema de red que canaliza de forma personalizable el influjo de información hacia cada usuario final de cada cambio de estado de las variables monitoreadas con un claro potencial de incrementar el tráfico de manera exponencial en términos generales, pero asimétrico en el acceso, ese flujo se puede redireccionar y replicar instantáneamente hacia todos los servidores y terminales, que es justo lo que van a hacer porque no tienen porqué no hacerlo, incluidos nuevos canales de información más allá del puesto de trabajo propio, como sus dispositivos portátiles, celulares, tablets y cualquier ambiente virtual donde el tipo se mueva, incluidos sus perfiles de redes sociales y comunicación instantánea, para ellos, sus colaboradores, su secretaria, sus clientes, su jefe, todo eso además disparándole a cada uno la opción de acceder a la data histórica de cada una de las variables y de agrupar y cruzar a voluntad cualquiera de ellas en cualquier período…
-          ¿Y qué? ¿Y qué? – contenía las ganas de boxearlo el actuario – ¡Es el software más potente del mercado latinoamericano! Incluye todas las bases de datos, integra todos los medios virtuales, unifica todas las interfaces, trabaja preprogramado, automático o personalizado, sólo o controlado ¡No hay nada fuera de Londres, Frankfurt o Wall Street a la altura de esto! ¿Cuál es tu  maldito problema? – lo arrinconaba conteniendo su furia.
-          ¿Realmente crees que esos idiotas pueden parametrizar correctamente semejante programa? - le espetó indignado, pero no terminaba de decirlo cuando comenzaba a arrepentirse. El actuario a su lado, volvería a reconocer su supuesta megalomanía y delirio de superioridad técnica.
-          Estoy harto de ti - le respondía el actuario reprimiendo su cólera - estos "idiotas" hacen millones al año. Me recontracago en lo que tú te crees que sabes más que ellos – interceptaba un mesero para robarle otra copa de champagne. 
-          Ok, ok – tomaba aire el ingeniero; la cuestión se estaba saliendo de madres, trataría de ordenar sus pensamientos para ser claro – tenemos una estructura de información que va a segmentar los datos discrecionalmente a cada usuario, los va a esparcir como la plaga inmediatamente, y te va a ofrecer cruzarlo y procesarlo como quieras, pero la adquisición de esa información y el tiempo de procesamiento de cada usuario va a ser necesariamente asincrónico y la falta de una estructura común en los datos va a imposibilitar que haya relaciones claras entre cada universo de datos de cada usuario.
El hecho que Pablo se mantuviera callado con cara de perro, pero no lo golpeara, lo alentó a seguir. Tomó aire y continuó.
 
 
-          En un escenario con muchas variables, de alta volatilidad – iba enumerando con los dedos – un sistema de alta producción, con duplicación masiva y automática, de datos complejos, en canales múltiples, recursos extra de bases de datos externas, con adquisición asincrónica, sin estructura de datos común, muy pobre relación señal-ruido – se le habían acabado los dedos –  contradicciones, errores de interpretación, dinero que desaparece, la presión…
-          Estás loco – lo desdeñó secamente Pablo, y se alejó sin más, engulléndose de golpe su copa de champagne.