Mostrando entradas con la etiqueta Parte 1. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Parte 1. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de julio de 2014

11. Machitún

Neuquén, Provincia del Neuquén, Argentina.
 
 
A medida que las cosas mejoraban para Nahuel en YPF, la ansiedad de perderlo todo crecía a la par. Cuanto más lo ponderaba el Directorio de la empresa y más dádivas le llegaban de Petro-Ingeniería, menos disfrutaba la parafernalia que lo vestía a donde fuera. Se estaba volviendo inmune a la obscena obsecuencia de los políticos locales en las reuniones sociales y a la más obscena pasión de Valeria en sus encuentros privados. Tener su secretaria le daba más tiempo y lo hacía más accesible, y las relaciones públicas creaban muchas ocasiones para escaparse juntos. Sabía que no lo merecía. Sentía el vértigo de estar parado demasiado alto, demasiado cerca del precipicio. Nada de esto debía estar pasando. No debía estar allí.
Cuando logró juntar la cuota necesaria de coraje y desesperación, había prácticamente huido de forma intempestiva de sus tareas en Añelo para volver a su último refugio en este mundo. El único equipaje que llevaba era el temor a encontrarla distante, apática, infiel… y la culpa de haber sido él mismo con ella así.
 
 
Cristina no se mostró sorprendida cuando Nahuel llegó a media tarde al departamento, aún a pesar de su aspecto triste y demacrado. Por el contrario, la luz tenue de la estancia, filtrándose por las finas cortinas ocres, enmarcaba el rostro natural y relajado que tanto le había atraído desde que la conoció. Llevaban un año juntos, pero aún la veía con la misma admiración romántica. Seguía siendo esa mujer dulce, comprometida, intrigante, compañera, mapuche, paciente, intensa, cariñosa, perseverante, sencilla, franca… tantas cosas pasaban por su cabeza al verla, cada una cada vez más dolorosa…
-          Sabía que vendrías – le susurró al oído, mientras lo abrazaba para calmarlo – el viento me lo ha dicho…
Al sentir su beso en los húmedos ojos, Nahuel ya no pudo tenerse en sus piernas, y lentamente fue cayendo de rodillas en la alfombra, al tiempo que se rendía en sus brazos y comenzaba a llorar. Durante un tiempo interminable, yació acurrucado acostado sobre su falda, acompañado sólo por sus caricias y su silencio. Balbuceó incoherentemente sobre los sinsentidos de su vida – casi todos – y en algún momento se durmió.
-          Ya estás en casa Millalobo – lo apaciguaba – Huenchula está contigo…
 
 
Al despertar, estaba cubierto con una mullida manta de lana y podía escuchar de fondo a Cristina canturreando en la ducha. En la habitación, flotaba el vapor del baño y el perfume de las lavandas desperdigadas. Sobre el colchón que cubría casi todo el piso, su machi había preparado una bandeja con hojas, semillas, polvos, pastas y líquidos en tacitas y platitos. El corazón comenzó a latirle más fuerte. No sabía cómo, pero iba a ser curado. Se desvistió. No se permitiría entrar en ese altar sagrado vestido con su uniforme de engendro de Wekufe.
Se sorprendió. Cristina surgió de sus espaldas sin un ruido. La ducha todavía manaba el cálido vapor hacia la habitación. Ella estaba completamente desnuda, salvo por un grueso pañuelo celeste que le anudaba el pelo mojado. Avanzó suavemente hacia él con la mirada en el piso, murmurando un conjuro ininteligible. Se recostaron en el lecho, y le cubrió el rostro con paños. Sobre ellos, hacía gotear un líquido que lentamente los empapaba. El agua de Caicai-Vilu. La machi apretaba el paño y Nahuel se retorcía tratando de respirar, ya sintiendo que se mareaba, pero su fe le impedía resistirse. Keymi. Temblores, volcanes, sus uñas dibujaban trazos de lava sobre su pecho. La tenaz resistencia de Trentren. Sus resistidos alaridos de dolor. “TRAUCO!!!” gritaba ella a la par. Tué-tué, tué-tué, lo sentenciaba, con la punta del puñal sobre su corazón. “Nooo… noo…” repetía su afligido clamor.
Los destellos en la oscuridad, sus gemidos ahogados, el canturreo, el remolino de esencias, el dolor de la cera cayendo sobre su piel. Pelom. Luego, el paño húmedo finalmente liberando su boca. Txemon. El interminable beso asfixiante, que le quitaba la vida y se la devolvía al mismo tiempo. Lawen. El polvo de los muertos soplado en el viento. Machitún. Las reconfortantes caricias recorriendo su cuerpo, untando nuevamente de vida y sanando, poco a poco, la tierra arrasada. Antú. La energía de la vida irguiéndose en él. Newen. El hálito fresco llamándolo a renacer. Millalobo. Su súplica, su entrega, su éxtasis. Huenchula está aquí…
  

Nahuel dormiría durante casi todo un día antes de recobrar la conciencia. Lavado y acobijado, abrió los ojos para encontrar a Cristina sentada a su lado dibujando plácidamente con carbonillas y sus dedos.
-          Éste es Caicai vilú – le mostraba, inocentemente orgullosa de su arte – inundando la tierra – le iba señalando – este es Trentren vilú, estremeciéndose – Nahuel hubiera jurado que las formas se asemejaban a sus rigs de fracking – esta soy yo – señalaba una doncella entre ángel y sirena. Y él estaba allí, junto a ella, mirándola detrás de un reflejo en el agua. Y de golpe, todo el mundo a su alrededor ya no importaba. Y estaban presentes, y eran eternos.
Aunque extrañamente no lo llamaron para ver dónde andaba, dos días después volvió a Añelo a trabajar. Estaba completamente renovado.
-          Valeria… va para allá... – pronunció Cristina al teléfono – no importa, voy a cambiarle la medicación... si, te enviaré las recetas necesarias – dijo antes de cortar.
   

martes, 8 de julio de 2014

10. Jet Lag

Puerto Madero, Buenos Aires, Argentina.

 

Caminar por la rambla de Puerto Madero el sábado antes del mediodía fue su reencuentro con el aire y el sol, luego de mucho tiempo en las sombras de su departamento. Hinchaba sus pulmones con el soplido fresco que traía el río, recordándose una vez más que en algún momento debería dejar de fumar como un escuerzo. Los pies le pesaban mientras se dirigía al almuerzo con su padre. No sólo porque sus horarios hacía meses estaban trastocados como si hubiera volado desde Tokio, sino porque nuevamente conversarían sobre cómo se encontraba y “qué pensaba hacer de su vida”.
Se detuvo a unos metros del lugar de su encuentro, viendo al viejo sentado en una mesa hojeando el periódico. Estaba bronceado y enérgico como de costumbre, y sonreía con aires de seductor a la joven mesera que le servía un Negroni. No podía explicarse cómo un anciano recientemente viudo podría arreglárselas mejor que un adulto recientemente divorciado. Suspiró; mientras le extendía un saludo a la distancia forzando una mueca que pretendía hacer las veces de sonrisa.
 
El sermón esta vez no se había hecho esperar hasta el postre.
-          Tenés que hacer algo con tu vida, Gustavo – insistió su padre, mientras él calculaba mentalmente cuánto dinero tendría si le hubieran dado una moneda por cada vez que le repetía lo mismo – Dame bola con esto; es una oportunidad en lo tuyo… Jorge está de acuerdo… No podés seguir…
El golpe en la mesa y la mirada fulminante de Gustavo lo previno de añadir un insulto a la herida. Prendió un cigarrillo para justificar el glacial silencio que sobrevino. Los comensales del salón volvían a sus platos luego de confirmar que nada interesante había pasado. Expiró el humo por la nariz, entregándose con resignación. Su mirada perdida a lo lejos, más allá de los docks. Indisimulablemente, su empresa desarrolladora de seguridad informática era una tapadera del sinsentido en el que había caído después de perder a su familia.
Sabía qué era el Grupo Fénix de la Fuerza Aérea porque acompañaba a su padre a todas las convenciones de la industria de defensa local. De tanto repartir tarjetas personales entre los expositores, a la sombra de uno de los rostros más reconocibles en el medio, algo de todo el contexto le había quedado. Como buen ingeniero, tenía una natural curiosidad por entender cómo funcionan las cosas. Le había llamado la atención el extraño software de simulación de operaciones aéreas que la Fuerza Aérea había lucido con orgullo en todas las maniobras conjuntas con los países de la región. Pero todo eso eran simples distracciones para el viejo. Él era un “facilitador”. Más allá de las quimeras que ofrecieran, lo importante era siempre generar contactos para su consultora.
 
 
Lo que no sabía era qué demonios significaba ser el “enlace civil” del proyecto. Era una posición inventada recientemente. Desde siempre, las fuerzas armadas controlaban sus propios proyectos, a base de la propia fuerza disruptiva de las internas del poder castrense. Esto ya no fue posible desde que en una medida sin precedentes, habían designado al Jefe de Inteligencia del Ejército como Jefe del Estado Mayor. Al parecer, ahora habría un tercero neutral para mediar en los conflictos de prioridades y presupuestos.
Tal vez fuera a convertirse en una posición valiosa en algún momento, ahora que luego de muchos años “la repotenciación” militar estaba dentro de las pautas gubernamentales. Era gracioso como cada actividad tenía su jerga para encubrir sus negociados. Con el asunto del shale gas, el país tenía nuevos recursos para dilapidar, y los militares debían ser el último resabio del Estado donde todavía no se habían dilapidado. Sin duda los enlaces civiles debían ser un eslabón útil en esa nueva “cadena de felicidad”. Debía estar atento, seguro no por nada el viejo zorro le ofrecía meterse ahí.
De cualquier modo, debería ser un puesto suficientemente inofensivo como para que el ex-cuñado de su padre no pusiera en riesgo su reciente nombramiento como Ministro de Defensa. Qué lejos llegaste Jorgito – sonreía para sus adentros –  pensar que en su momento todos te vimos arrastrarle el ala a la tía Inés... ahora te fuiste para arriba, la cambiaste por dos de 30 y el viejo se lleva mejor con vos que con su hermana… Basta, Gustavo – meneó la cabeza y apagó el cigarrillo en los restos del puré – Las cosas son lo que son. La familia no está ni más ni menos trastocada que el mundo que la rodea.
-          Okey – accedió, sin ánimos de agregarle más pompa a su derrota.
Su padre pedía la cuenta con desdén, para evitarse seguir tolerando el bochorno.
Aún pasados sus 40, sentía que volvía a tener 21.

 

viernes, 4 de julio de 2014

9. El Club

Ocean Club, Panamá
 
 
Muy perturbado, el canciller peruano Rafael Méndez Olazábal retornaba raudamente a su habitación, en el piso superior del centro de convenciones de uno de los rascacielos más emblemáticos de la ciudad. Detrás de él, un reducido séquito de diplomáticos y asistentes caminaba a la zaga, organizando nerviosamente sus notas, esperando un brutal interrogatorio para el que nadie se había preparado.
-          ¿Qué demonios pasó ahí dentro? – levantaba el tono hacia su jefe de asesores, quien trataba de calmarlo para poder analizar fríamente la situación – ¡Venimos a celebrar y terminamos siendo la piñata de la fiesta!
El Ministro estaba furioso. Lo que debía haber sido una cumbre protocolar de buena voluntad por la incorporación de Panamá a la Alianza del Pacífico, había resultado ser una emboscada artera en la que lo habían lapidado públicamente sin que apenas pudiera coordinar un atisbo de respuesta a los planteos que le espetaban desde todas las direcciones. No le quedaba duda que había sido una celada para perjudicarlo. Haría rodar cabezas en su Ministerio directamente por teléfono, antes siquiera de regresar a Lima. ¿Cuántos de sus funcionarios estarían confabulados con el Vicecanciller para desbancarlo de su cartera?
-          Rafael… Rafael… ¡Rafael! – se interponía su consejero en su colérico deambular de un lado al otro de la estancia – tenemos que repasar las demandas que hemos recibido… – lo invitaba con un gesto a sentarse – el Presidente seguramente llamará de un momento a otro…
El rostro trastornado de Méndez Olazábal se cubrió súbitamente con un velo afásico. Su consejero había logrado que se conectara con esa personalidad psicopática que tanto le había ayudado a triunfar en la política. Había perdido el primer round, pero todavía no lo habían noqueado.  Tomó asiento mientras el jefe de asesores le indicaba a un pasante que trajera café.
 
 
-          Veamos los planteos uno por uno – sugirió el jefe de asesores – Betty… – le dio pie a la muchacha para que comenzara.
-          El primer golpe vino por el lado del narcotráfico, con que seguimos siendo el primer productor mundial de coca y que no hay control del movimiento de dinero – exponía la joven con cierta timidez – es un clásico reclamo colombiano…
-          Ahí dije lo de separar las remesas de los campesinos del verdadero dinero del narco, que se mueve por Panamá – acotó el Ministro, recopilando.
-          Eso pudo caldear un poco los ánimos – comentó el consejero – después de todo, son los anfitriones y les estábamos dando la bienvenida – no quería profundizar para no desautorizar a su jefe – el embajador mejicano se sintió tocado también…
-          Pero el contraataque fue demasiado inmediato – se defendía el Ministro –  esa perorata de diez minutos sobre “erradicar la corrupción” en vez de las plantaciones, y la conjura entre los políticos y el narco… eso no se improvisa así como así. El mejicano se montó más sobre ese discurso que sobre lo que dije yo… – rememoraba los hechos para tratar de encontrarles una ilación – ¡Yo no dije nada! – se excusaba con impotencia – se montaban uno sobre el discurso del otro, criticándonos y criticándonos… ¡eran voraces! Jamás hubiera imaginado tanto resentimiento contenido resurgiendo de golpe de forma tan abierta… ¡fue completamente injusto! – sentenció el veterano político – cualquiera de nosotros podría ponerse a hablar pestes sobre el país del otro ¿en qué mundo se creen que vivimos? ¿Quién los convirtió en los guardianes de la civilidad?
-          Es verdad, es verdad – trataba de contenerlo su consejero – pero como todos nos pegaban a nosotros, realmente daba la impresión de que todos ellos tenían razón, y éramos nosotros los que estábamos en falta…
-          Luego salió lo de Nicaragua – añadió Betty, buscando infructuosamente llenar el silencio sobrevenido.
 
 
Y con lo de Nicaragua, toda la locura de los juicios en La Haya. El Ministro sabía que cada vez que asomara la cara en una cumbre, se lo espetarían sin miramientos. Era el padre de la criatura; quien concibió la idea por primera vez. Había disparado su carrera, pero a esa altura, de tanto ganar batallas se estaba perdiendo la paz. La Haya estaba enturbiando todo lo que el tiempo había asentado entre los países del continente. Colombia estaba enfrentada con Nicaragua, Nicaragua con Costa Rica, Paraguay con Argentina, Argentina con Uruguay, Bolivia con Chile, Chile con Perú…
-          Señor Ministro  – interrumpía sus meditaciones ese pasante jovencito, que con diligencia hacía indistintamente de camarero, mensajero, aplaudidor, perchero, telefonista y demás… él ya no tenía esas energías ¿en qué cargo habría dejado su juventud y su espíritu? – un Coronel del Ejército desea verlo – lo anunciaba sorprendido – está aquí en la puerta…
-          Que pase – le indicó el político, mirando con desconfianza a su consejero, que también parecía extrañado.
Al ingresar el hombre de traje gris, lucía esas sonrisas voluntariosas que resultan más siniestras que inspiradoras de confianza. Se trataba de un personaje tan corriente que no habría forma de reconocerlo en otra oportunidad, salvo por la mano de cuatro dedos que estiró para saludar al Ministro.
-          Coronel Aranda – se presentó el militar – inteligencia.
-          Señor Ministro – sentía interrumpir nuevamente el pasante – el Presidente al teléfono…
 
 

sábado, 28 de junio de 2014

8. Corrosión

Añelo, Provincia del Neuquén, Argentina
 
Nahuel se incorporó molesto de la cama sin siquiera manotear su ropa interior y se dirigió a la kitchinette del departamento para volver a hidratarse con un vaso de agua del grifo. Menuda forma de cortar el idilio de amanecer juntos: sacar temas laborales espinosos luego de una larga noche de pasión. Valeria siempre había sido directa, así que lo tenía un poco acostumbrado a ese tipo de planteos, pero a su orgullo le molestaba que le pusieran en evidencia algo que todavía no tenía resuelto internamente. Se suponía que una amante no debía hacer esas cosas, en especial si era su secretaria.
-          Tu jefe quiere que lo apruebes, el Gerente de Planta quiere que lo apruebes, la Central quiere que lo apruebes, los políticos quieren que lo apruebes. Dejate de joder, Nahuel, con esto te vas para arriba. El tipo de Petro-Ingeniería ya te lo cantó clarito, el departamento y la camioneta son sólo el principio.
Nahuel golpeó el vaso en la mesada y se quedó tenso, con los ojos cerrados, atormentado por los pensamientos. De alguna manera, todo era inútil: ya estaba acorralado. Este minúsculo departamento en el medio de la nada que se pagaba al metro cuadrado de Tokio, la ostentosa 4x4 afuera, los viajes VIP, la amante suntuosa, la impunidad... la asombrosa y terrible impunidad con la que desplegaban igualmente asombrosas y terribles obras de ingeniería. Todo estaba mal. Él lo sabía. Siempre lo había sabido. Desde niño, en su comunidad. Si se equivocaba, le arruinaría la vida a miles de niños como él. Ya no guardaba fotos de los suyos. Sabía por sus ojos que lo juzgaban. Todo el peso de la decisión estaba sobre sus hombros y de nadie más. Era sofocante.
  
 

Él era el Especialista en Corrosión, una de esas posiciones que sólo existen en una industria en particular y son fundamentales para su funcionamiento. Su misión en el proyecto de Vaca Muerta de YPF era cuidar que los tubos y herramientas que se utilizaran pudieran resistir las extremas condiciones operativas del fracking. La técnica requería que un complejísimo cóctel de medio centenar de potentes químicos fuera inyectado en los pozos a enormes presiones, para desintegrar la capa del subsuelo donde el gas y el petróleo se encontraban diseminados. Las grandes petroleras se escudaban en las leyes de patentes para no revelar qué era lo que contenía ese cóctel. De manera que YPF estaba experimentando su receta propia, en parte en base a lo que se podía extraer de los informes de los organismos reguladores norteamericanos, en parte en lo que los organismos locales registraban que compraban a sus proveedores los demás operadores de Vaca Muerta y finalmente, en base a sus propias experiencias en perforaciones de exploración en el lugar. El ininteligible procedimiento era una mezcla de espionaje industrial, abuso de información privilegiada, talento, audacia, imprudencia, necesidad y urgencia, suerte, alquimia, día a día y la subyacente creencia popular de que “Dios es argentino”.
 
 
Petro-Ingeniería estaba ofreciendo tubos de 110mm, a un precio más que razonable. Desde hace seis años, todas las empresas en Vaca Muerta venían usando los tubos de 120mm que producía una empresa local de jerarquía internacional. En su momento, todos esperaron que los franceses obtuvieran la autorización de su casa matriz para bajar de 125. Luego de seis meses, los franceses lo autorizaron creyendo más en la palabra del fabricante que en cualquier otra razón técnica. Tal era la confianza que inspiraba.
Pero para la política local, ser una “gran empresa” puede tener una connotación muy negativa, en especial si sus inversiones en el extranjero le permiten cierta independencia de los caprichos del ámbito local. El fracking, además, requiere muchas perforaciones y muchos tubos. Si los tubos de 110mm obtenían su aprobación, el presupuesto del proyecto podría alivianarse en unos 83 millones de dólares al año. En teoría al menos, porque ya conocía cómo terminaban estas cosas. El concepto de “ahorrar” dinero disponible era extraño a la mayoría de los presupuestos de las empresas y organismos públicos. Si algo no se gastaba, era por inutilidad, no por eficiencia. Petro-Ingeniería había crecido exponencialmente en la última década, desde la electromecánica a la obra pública y ahora al petróleo. Sus relaciones con el gobierno federal eran más que fluidas. Ese dinero terminaría pagando departamentos, viajes y camionetas como los que le habían tocado a él en muchos otros lados más.
No podría imaginar que nadie en la historia hubiera sufrido tanto por un salto de 10 milímetros.
 
 
Ni bien se aprobara, muestras de los tubos de 110mm de Petro-Ingeniería serían despachados con urgencia a todas las casas matrices del primer mundo. Con su tradicional criterio proteccionista, la Secretaría de Comercio argentina se encargaría que la “urgencia” se convirtiera en una “dulce espera” en la frontera con alguna jugarreta administrativa. De esta forma, se estaría resguardando la ventaja competitiva, y ningún gringo vendría a pinchar el globo del genio nacional.
Ya lo había sentenciado públicamente el presidente de la empresa, cuando el Senado Nacional ratificaba su continuidad para una cuarta gestión: “Con compromiso y convicción, Vaca Muerta se convertirá en la locomotora de la economía nacional”.
Compromiso y convicción… a Nahuel no le quedaba ninguna de ambas. ¿Seguridad, responsabilidad, transparencia? Bien, gracias.

martes, 24 de junio de 2014

7. La Previa

San Juan de Lurigancho, Departamento de Lima, Perú
 
Ese miércoles el ambiente estaría todavía denso dentro de la prisión de Lurigancho. El taita Bello le había comentado a Arauca que las cosas estaban mal entre el Pabellón 4 de La Victoria y el Pabellón 8 de Chorrillos. Había más centinelas en los techos de los pabellones para repeler cualquier incursión de las bandas rivales. Pero eso dejaba menos custodios en el piso para controlar las peleas cotidianas y proteger los envíos de drogas de sus ávidos clientes y los convoyes de comida de los famélicos exiliados.
El taita Bello había organizado un partido de fútbol entre ambos pabellones para esa tarde, tratando de templar los ánimos antes que se salieran de cauce. Incluso había conseguido un árbitro profesional para que viniera a dirigirlo. Si bien confiaba que después del encuentro las cosas volverían a la normalidad (por decirlo de alguna manera), la tradicional efervescencia previa a un partido de fútbol había ocasionado algunas corridas y golpes en el piso que no fueron fáciles de controlar.
 
 
Arauca manejó su motocicleta enduro hasta las lomas de Mangomarca, que dominan el contrafrente del penal de Lurigancho. Era de esas mañanas calurosas y húmedas de Lima, en las que la neblina y la contaminación se entremezclan cubriendo la ciudad con una atmósfera deprimente. Se acurrucó entre los arbustos sobre una lomada cercana. Sabía bien cómo se veía ese lugar desde dentro y cómo moverse por allí para no ser visto, pues era una ladera muy particular. Unos metros debajo de él, algún sádico infeliz había construido sobre el suelo una gran leyenda blanca que rezaba “Ríndete a Cristo” de manera que pudiera ser leída a la distancia por los internos. Rendirse... eso sí que no era una opción en Lurigancho. Si te rendías, pronto verías a Cristo frente a frente.
Se puso los guantes de látex como le había indicado Ulises y quitó de su funda el rifle M40 que le había provisto. De más de un metro, y siete kilos y medio de peso, este clásico de Remington irradiaba potencia y confianza. En las manos de un experto podía colocar un plomo de 7,62mm NATO en el pecho de un pobre desdichado a 900 metros de distancia. Pero no era su caso. Ulises le había calibrado la mira telescópica en 275 metros; el rango esperable de acuerdo a los cálculos que hicieron utilizando fotos satelitales en Internet. Desplegó el bípode del arma, se acostó con ella en el suelo y comenzó a escrutar los techos de los pabellones. Podía identificar a cualquiera de los cabecillas de los reclusos, pero después de tantos años, buscaba devolverle los favores a uno en particular. Ahora era sólo cuestión de esperar.
 
 
El taita Bello subió al techo de su pabellón una media hora antes que llegara el almuerzo. Quería dejar en claro con taita Preto, otro de los cabecillas, cuáles eran sus preocupaciones y cuáles no. En un mundo donde las sorpresas nunca son bienvenidas, estos líderes debían encontrarse bastante seguido cara a cara para que los rumores entre sus filas no promovieran escaladas y represalias.
A pesar que no habían sobrevivido y llegado a controlar un pabellón por hacer estupideces, ambos cabecillas eran concientes que lo habían logrado dejando en el camino un tendal de muertos. Las traiciones no eran gratuitas, pero tampoco eran inusuales entre ellos. Cada uno se presentó en el techo ese mediodía con su séquito armado y atento.
-          Quería que supieras por mí, que estaremos cuidando aquí el techo hasta que pase el partido… y se calmen un poco los ánimos con los chorrillanos y ya – le informaba taita Bello a su par.
El mulato recio frente a él asentía reconociendo el gesto, pero por su nerviosismo, percibía que no era todo lo que tenía para él. Cuando taita Bello miró a su alrededor rascándose la barba, taita Preto deslizó discretamente un punzón de su manga a su mano.
-          También tengo esto para ti – continuó Bello metiendo la mano en su saco. El mulato se abalanzó sobre él y tomándolo del cuello le apoyó el punzón en la garganta. Todos los hombres a su alrededor empuñaron sus armas de inmediato, pero quedaron tiesos al igual que los dos líderes trenzados.
Arauca sonreía detrás de su mira telescópica. Las cosas no habían cambiado nada por casa. El penal de San Pedro era una caldera que no necesitaba que nadie le echara más presión para explotar.
-          Es un gesto de buena voluntad – aclaró taita Bello cuando pudo recuperar el aliento y muy lentamente extendió su brazo mostrando algo envuelto en un paño. El contorno del bulto no dejaba lugar a dudas considerando las circunstancias. El mulato liberó el cuello de su par y dio un paso atrás. Todos alrededor volvieron a respirar.
-          Desde afuera están montando un ataque y vienen por nosotros. Es sólo para que puedas defenderte cuando llegue el momento – taita Preto no necesitó abrir el paño al tomarlo en sus manos, escondió la pistola entre sus ropas sin que apenas se notara – Deben tener apoyo adentro. No creo que sea el Chino, por eso estoy tratando que seamos buenos vecinos, pero debe haber alguien más. No eres tú, y ahora sabes que no soy yo.
El mulato permanecía serio y en silencio. En la cárcel, un arma también es un compromiso, un as en la manga y un problema. Finalmente le tendió la mano y se abrazaron en señal de acuerdo.
La misma bala de 7,62 los atravesaría a ambos antes que pudieran escuchar el estruendo del disparo.

 
 

sábado, 21 de junio de 2014

6. Operadores de Alta Frecuencia

Lima, Perú.
 

En la última década, el capital privado chileno había invertido más de 20 mil millones de dólares en empresas en el Perú. Tanto el periodismo especializado como los comunicadores tendenciosos han remarcado esta creciente influencia chilena sobre la economía peruana, en particular en sectores que tradicionalmente son considerados estratégicos, como la energía, el transporte y el consumo masivo. En el imaginario popular, esto implicaría que en caso de guerra, se cortaría la luz de los hogares, el país quedaría paralizado y la población moriría de hambre. Por supuesto, nada de eso sucede en la realidad, y aún frente a una crisis, tanto la intangibilidad de los activos extranjeros como la continuidad de las prestaciones básicas están salvaguardadas por la ley.
Pero de cierto modo, existe algún grado de vulnerabilidad potencial en la integración económica. La cuestión es que poder llevarla a la práctica requiere de una planificación muy sutil y de largo plazo, y sus efectos en general, resultan por el contrario muy notorios e inmediatos. Englobando amenazas de la más variada naturaleza, la implantación de estos “troyanos” latentes en el corazón del sistema del enemigo, ha sido desde épocas ancestrales el tipo de operación de inteligencia más elaborado. En casos de crisis graves, también ha sido siempre el más redituable.
 
 
Desde el fondo del auditorio, Luis aplaudía con un forzado entusiasmo la obscenamente fastuosa presentación que concluía en ese momento uno de los socios de Dyrah. Los agentes bursátiles presentes parecían estúpidamente deslumbrados con el nuevo sistema de operadores computarizados de alta frecuencia, que el estudio estaba ofreciendo para la Bolsa de Lima. Por supuesto, ninguno de ellos era ingeniero informático, y por lo tanto, ninguno tenía ni la más remota idea de lo que realmente estaban comprando…
Pablo lo codeó discretamente para que cambiara la cara. A su lado, el brillante actuario sonreía entusiasta como se suponía que debía. Era la rutina infalible del cortejo del cliente, que practicaban escrupulosamente cada vez que lanzaban un nuevo proyecto. Los socios prometían más de lo que podían entregar, ofreciendo funcionalidades que el cliente no necesitaba, para culpar después a las mismas cuando no pudieran cumplir con los plazos y pidieran más dinero. Era deliciosamente extraordinario. El avance tecnológico era una gran bola de nieve que crecía alimentándose de su continua obsolescencia y de la de sus usuarios; y cada vuelta de la bola, él cobraba, cobraba y volvía a cobrar. El juego ya le había rendido conocer cinco continentes y un enorme penthouse en el centro de Lima, y esta partida iba a valerle su tan codiciada mansión sobre la playa en Viña del Mar.
 
 
Al pasar al gran salón donde servían el cóctel, Pablo zarandeó a Luis hacia un costado apartado para aclararle otra vez qué estaban haciendo allí. Era simple, lo habían hecho ya varias veces, pero por alguna esquizofrénica razón, el ingeniero estaba empecinado en arruinar sus perspectivas de obtener un jugoso bono por resultados a fin de año.
-          Piénsalo un momento, piénsalo – le insistía nerviosamente Luis – tenemos un sistema de red que canaliza de forma personalizable el influjo de información hacia cada usuario final de cada cambio de estado de las variables monitoreadas con un claro potencial de incrementar el tráfico de manera exponencial en términos generales, pero asimétrico en el acceso, ese flujo se puede redireccionar y replicar instantáneamente hacia todos los servidores y terminales, que es justo lo que van a hacer porque no tienen porqué no hacerlo, incluidos nuevos canales de información más allá del puesto de trabajo propio, como sus dispositivos portátiles, celulares, tablets y cualquier ambiente virtual donde el tipo se mueva, incluidos sus perfiles de redes sociales y comunicación instantánea, para ellos, sus colaboradores, su secretaria, sus clientes, su jefe, todo eso además disparándole a cada uno la opción de acceder a la data histórica de cada una de las variables y de agrupar y cruzar a voluntad cualquiera de ellas en cualquier período…
-          ¿Y qué? ¿Y qué? – contenía las ganas de boxearlo el actuario – ¡Es el software más potente del mercado latinoamericano! Incluye todas las bases de datos, integra todos los medios virtuales, unifica todas las interfaces, trabaja preprogramado, automático o personalizado, sólo o controlado ¡No hay nada fuera de Londres, Frankfurt o Wall Street a la altura de esto! ¿Cuál es tu  maldito problema? – lo arrinconaba conteniendo su furia.
-          ¿Realmente crees que esos idiotas pueden parametrizar correctamente semejante programa? - le espetó indignado, pero no terminaba de decirlo cuando comenzaba a arrepentirse. El actuario a su lado, volvería a reconocer su supuesta megalomanía y delirio de superioridad técnica.
-          Estoy harto de ti - le respondía el actuario reprimiendo su cólera - estos "idiotas" hacen millones al año. Me recontracago en lo que tú te crees que sabes más que ellos – interceptaba un mesero para robarle otra copa de champagne. 
-          Ok, ok – tomaba aire el ingeniero; la cuestión se estaba saliendo de madres, trataría de ordenar sus pensamientos para ser claro – tenemos una estructura de información que va a segmentar los datos discrecionalmente a cada usuario, los va a esparcir como la plaga inmediatamente, y te va a ofrecer cruzarlo y procesarlo como quieras, pero la adquisición de esa información y el tiempo de procesamiento de cada usuario va a ser necesariamente asincrónico y la falta de una estructura común en los datos va a imposibilitar que haya relaciones claras entre cada universo de datos de cada usuario.
El hecho que Pablo se mantuviera callado con cara de perro, pero no lo golpeara, lo alentó a seguir. Tomó aire y continuó.
 
 
-          En un escenario con muchas variables, de alta volatilidad – iba enumerando con los dedos – un sistema de alta producción, con duplicación masiva y automática, de datos complejos, en canales múltiples, recursos extra de bases de datos externas, con adquisición asincrónica, sin estructura de datos común, muy pobre relación señal-ruido – se le habían acabado los dedos –  contradicciones, errores de interpretación, dinero que desaparece, la presión…
-          Estás loco – lo desdeñó secamente Pablo, y se alejó sin más, engulléndose de golpe su copa de champagne.
 

miércoles, 18 de junio de 2014

5. Arauca

San Juan de Lurigancho, Departamento de Lima, Perú




Lautaro “Arauca” Quitral había pasado quince años en el penal de San Pedro, en el distrito de San Juan de Lurigancho, al noreste de Lima. Había entrado con 22 años por un error de juventud, condenado por apoyar a Sendero Luminoso. La oportunidad y las dudas le habían llegado demasiado tarde, luego de la Operación Victoria, por la que habían dado con Abimael Guzmán en el '92. Para mediados del '95, habían caído casi todos sus camaradas en manos del GEIN (Grupo Especial de Inteligencia de la Policía) o los escuadrones de la muerte del Grupo Colina. No le quedaba en quién confiar. Fue capturado cuando intentaba volver a Chile de polizón en un pesquero artesanal y sentenciado sumariamente. Nunca supo el nombre de su abogado.
 
El penal de Lurigancho no es el único en la zona, pero es el emblemático, por ser una de las cárceles más pobladas de Perú y una de las más peligrosas del mundo. Con una mísera dotación de un centenar de guardias, se mantiene en vilo una población carcelaria de más de once mil presos peligrosos, en unas instalaciones construidas para albergar a sólo mil quinientos. Los guardias sólo manejan la periferia del complejo. El interior es dominado por los “taitas”, presidiarios poderosos que controlan uno de los pabellones y aseguran “la paz” entre ellos. De todos modos, son constantes las batallas entre los pabellones por la comida, la venta de drogas, el espacio físico o simplemente la reputación. El hacinamiento, las carencias y la impunidad se combinan en un cóctel explosivo que cualquier cosa puede hacer estallar.

En ese entonces, la expectativa de vida de un condenado de Sendero Luminoso era en todos los casos inferior a su condena; muy inferior si además era chileno como él. Lautaro deambulaba entre los exiliados sin pabellón, sobreviviendo de la basura, cuando Feliciano, el sucesor de Abimael, logró negociar un espacio para los suyos. En Lurigancho, Lautaro aprendió todo lo que hay que olvidar y se convirtió en “el Araucano” o “Arauca”, un seudónimo de clara connotación despectiva, pero que le había ayudado a crearse una imagen pública. Era el indio salvaje, terrorista, asesino. Luego de ocho años, y convertirse en una mole de 105 kilos de puro músculo, se tatuó en el pecho la hoz y el martillo, y la bandera de Chile. Ya casi nadie más tuvo el desatino de meterse con él desde ese entonces. Hacer eso en ese lugar... claramente estaba loco.


“Ulises”, el residente de la ANI en Lima dio con él a poco de ser liberado y le ofreció dinero para mantenerse en el mundo exterior. Arauca deseaba vengarse de la policía peruana, de la justicia peruana, de los peruanos. Su alma se había quedado enterrada en el basural de Lurigancho. Era el agente perfecto.
 
En los últimos años, por indicación de Ulises, Arauca había asesinado a numerosa mano de obra desocupada del SIN. Al no haber ninguna conexión con las víctimas o su entorno, había resultado imposible vincularlo a los crímenes. Ahora Ulises necesitaba que estalle una crisis en las fuerzas de seguridad, y Arauca sabía mejor que nadie cómo lograrlo. El expresidiario se puso en contacto con los proveedores de la droga de los reclusos y comenzó a trabajar de mula para ellos. Cada dos días ingresaba doce kilos de pasta base de cocaína para su pabellón. No era una ruta que los narcos fueran a poner en manos de cualquiera. Pero él era una cara conocida, estaba bien familiarizado con el lugar, y lo rodeaba una reputación que le ahorraría problemas para moverse dentro del complejo.

Arauca no tenía certeza de cuánto ingresarían en los demás pabellones, pero sin duda Lurigancho era uno de los negocios más importantes entre el narcotráfico y la policía. Ningún guardia se cruzaría en su camino.
 
 
- Esto es más de medio kilo, Arauca – lo cuestionó intrigado Bello, sopesando un paquete, al recibir la segunda entrega de Arauca. El taita sabía que los narcos pesaban cada gramo de producto y la costumbre de manipular esos paquetes lo habían hecho muy conciente de su peso exacto.
 
- Vienen con un reaseguro del patrón, que está preocupado por unas noticias que le llegaron – dijo el matón chileno con gravedad. En los paquetes que ingresaba en el penal venían también partes de armas de fuego y municiones. Arauca le hizo llegar el rumor que la policía estaba montando una gran redada para asesinar a algunos de los cabecillas de los reclusos. Convenció a su taita de mantener las armas en total secreto hasta que fuera el momento. Si cualquiera llegara a descubrirlas, el statu quo con los demás cabecillas y los guardias saltaría por los aires.

En un par de meses, el agente chileno había ingresado como mula del narco casi 400 kilos de droga, 20 pistolas Glock-17 y un centenar de cargadores de 9mm Parabellum proveídos por Ulises.

domingo, 15 de junio de 2014

4. Secretaria Ejecutiva

Añelo, Provincia del Neuquén, Argentina.



La vida del petrolero está plagada de paradojas e inconsistencias. Por un lado, requiere de una contextura fuerte y saludable conviviendo con los residuos tóxicos más peligrosos del planeta. Por el otro, es la billetera más abultada de lugares donde no hay en qué gastar. El pequeño pueblo neuquino de Añelo era lo más parecido a la civilización en los alrededores de Vaca Muerta. Los colosales proyectos petroleros habían llevado “el progreso” al lugar en la forma de un prostíbulo, un casino, y una ruta única ruta pavimentada que lo seccionaba a la mitad. Los agentes del progreso además, duplicaban en número a la población autóctona, compitiendo con sus gruesas billeteras por cualquier lugar para comer y dormir, haciendo que se disparara el costo de vida para el resto de los simples mortales.

Hacía quince años que Nahuel trabajaba en la petrolera argentina YPF, los últimos siete en la exploración de petróleo y gas no convencional en el yacimiento de Vaca Muerta, en la provincia argentina del Neuquén. Después de graduarse de Ingeniero en Petróleo por la Universidad del Comahue, había escalado posiciones rápidamente en los proyectos locales de YPF gracias a una combinación de esfuerzo profesional y el correcto perfil socio-cultural. Habiendo crecido en una comunidad Mapuche, estaba acostumbrado al trabajo duro, la tierra, la militancia, la identidad. No necesitaba ser el más articulado para hacer valer sus opiniones. De hecho estaba lejos de serlo. Pero lo respaldaba una presencia y experiencia que muchos de los ingenieros citadinos sencillamente no se atrevían a desafiar. Por sobre eso, algunos jefes lo apañaban especialmente: era “el Ingeniero Mapuche”, la cuota de diversidad políticamente progresista y necesaria en toda corporación moderna. Finalmente, haber llegado de los primeros y jugar de local en la etapa de nacimiento del proyecto, había producido que cada vez estuviera más alto en una estructura que crecía exponencialmente debajo de él.


Luego de dos semanas realizando análisis y pruebas en los “rigs”, Nahuel tenía unos días libres para descansar, pero no se sentía de humor como para volver a Neuquén a ver a Cristina. Pasaría los días en la humilde hostería de Añelo, convertida en la práctica en un albergue de paso de los trabajadores de YPF, donde la mayoría de los cuartos se rentaban por 12 horas, rotando sus ocupantes con cada cambio de guardia en los pozos, al mejor estilo del hot bunking de los submarinos. Las noches las pasaba en el casino, donde desayunaba su cena, conversaba sobre petróleo con otros petroleros, veía televisión y bebía para poder dormir todo el día siguiente.

Esa noche estaba sentado en la barra del casino, con la mirada perdida en las botellas de licor del escaparate frente al gran espejo, meditando cuál de ellas le faltaba probar.

- Se dice que necesitas una secretaria ejecutiva – lo sorprendió una voz femenina. Intentó parecer menos desconcertado de lo que estaba, pero la aparición de una mujer joven tan atractiva en un lugar como ese, hablándole a él, era como para pellizcarse.

- ¿Quién dice que necesito una secretaria ejecutiva? –  le respondió, tratando de hacer valer su dignidad.

- Lo digo yo – le dijo entregándole su tarjeta con una sonrisa – me llamo Valeria ¿Qué estamos tomando?

- Nahuel... digo... un Nueva York, o algo por el estilo – replicó torpemente – es intomable...

Ambos rieron, y la cosa se relajó. Luego de un par de cervezas, la entrevista continuaría en el hotel.

 
Ella debía partir a la mañana siguiente, lo que le permitió a Nahuel recuperarse. Pero esa noche no volvería al casino, quería saber más sobre ella y su computadora no tardó en alimentar su curiosidad. Sin duda daba la impresión de una mujer muy culta y preparada. Tenía un perfil en Linkedin bastante impresionante: experiencia en minería en la chilena CODELCO, en el campo y en el directorio, inglés y portugués, sin familia, le gustaban los deportes al aire libre y el trekking. La idea fue tomando forma en su cabeza. Ya era hora que él tuviera una asistente que le cubriera el papeleo administrativo, no podía estar de acá para allá llevando su oficina a cuestas. Además, con el perfil profesional de Valeria era verosímil que la tomara por sus capacidades. Sólo tendría que pedirle un currículum vitae sin foto para no despertar sospechas. Luego ya sería un hecho consumado...

Lástima que no podría engañarse tan fácilmente a si mismo. El “hecho consumado”, tres veces, había sido gran parte de su decisión.
 

jueves, 12 de junio de 2014

3. Vaca Muerta

Añelo, Provincia del Neuquén, Argentina
 


El yacimiento de Vaca Muerta era el proyecto energético más ambicioso y prometedor a nivel continental. Si funcionaba como se esperaba, Argentina saldría finalmente de un siglo de letargo económico y se convertiría en la Arabia Saudita latinoamericana, superando incluso a Venezuela, Brasil y Ecuador en la producción de gas. Incluso a los tres juntos.
Vaca Muerta era un polvorín de crecimiento que necesitaba una chispa. Esa chispa era la inversión. Los vaivenes de la política argentina habían repelido la inversión de las grandes corporaciones con un discurso nacionalista. La nacionalización de la gigante Repsol-YPF tenía la originalidad histórica de haberse producido básicamente sobre las reservas de una empresa, más que el usual latrocinio de unas instalaciones productivas. Ahora, la milagrosa máquina de riqueza de Vaca Muerta estaba en la práctica en manos del Estado Argentino, pero en esas manos no había los casi 10 millones de dólares diarios necesarios para hacerla arrancar. Durante años, en el yacimiento sólo se habían explorado y descubierto aún más reservas, pero el empuje finalmente había llegado de la mano de un primer crédito del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil (BNDES). La movida había requerido un enorme esfuerzo diplomático binacional y la “reinterpretación creativa” del Estatuto del banco. Pero los líderes latinoamericanos juzgaron esencial semejante desarrollo energético, exclusivamente bajo su propio control, como sostén de la independencia económica, la soberanía política y la justicia social en la región.
 
 
La entrada en escena de Vaca Muerta se produce por la puesta en práctica de un proceso de extracción denominado “fractura hidráulica” o más comúnmente “fracking”. El proceso consiste en alcanzar capas rocosas a mucha profundidad donde el petróleo y el gas todavía no se han condensado en reservas convencionales. Perforando la capa longitudinalmente en muchas arterias, luego haciendo estallar explosivos en ella y finalmente inundándola con un mar de agua, arena y químicos a enormes presiones, se logra desintegrar la capa y condensar ese recurso atomizado, reduciendo a meses un proceso que naturalmente tardaría millones de años.
La mecánica básica de este proceso fue inicialmente concebida a mediados del siglo XX, y su utilización fue incrementándose progresivamente, al punto que en casi cualquier yacimiento convencional hoy se utiliza parte del mismo principio, bombeando líquido dentro del reservorio para empujar el recurso fuera de él. El desafío era la técnica y la escala. A fines de los 80s, la perforación horizontal ya era una realidad y diez años después, la fractura masiva de recurso de esquisto convertía un innovador concepto en económicamente viable. Tan viable, que ha revitalizado una industria en constante declive con el invento más revolucionario desde la construcción de las plataformas marítimas hace más de medio siglo. Igual que entonces, los gigantes corporativos debían retorcer sus métodos y procedimientos, para ser versátiles y adaptarse al salto tecnológico. A diferencia de entonces, el fracking es muchísimo más accesible. Este tipo de reservas estaban por todos lados, y la extracción podía ser llevada a cabo con una inversión inicial y conocimiento tecnológico muchísimo menor. Si bien dependían de las grandes corporaciones para el transporte, refinamiento y comercialización final, miles de emprendedores en los Estados Unidos comenzaron a extraer y llenarse de dinero. La oligarquía del oro negro estaba sufriendo una revolución desde abajo. Era el boom del negocio energético 2.0. La llave para un siglo más de consumo descontrolado.
 
 
Pero había nubes negras en el horizonte. Los estudios privados de impacto ambiental de la técnica de fractura masiva no eran públicamente conocidos. La inyección líquida en los pozos incluye enormes cantidades de agua dulce y utiliza químicos muy peligrosos. Esa agua dulce es escasa y de usos alternativos, y se han registrado casos de químicos contaminando las napas acuíferas e incluso resurgiendo a la superficie. Los materiales que resurgen de la capa son tóxicos y pueden contener partículas radioactivas, y el reacomodamiento por la destrucción masiva del subsuelo había generado casos de hundimientos y temblores en la superficie.
Muchos protocolos de seguridad establecidos y comprobados de la extracción convencional no son aplicables a esta técnica. En términos generales, se requiere pasar de perforar un pozo por año, a diez kilómetros del anterior, a perforar un pozo por día, a diez metros uno de otro. El fracking es una pesadilla para una industria con tradiciones operativas de un siglo de antigüedad. Por sobre eso, la regulación gubernamental es escasa, cuando no inexistente; y la voluntad y capacidad de control es también mucho más onerosa, con un sistema que se modifica permanentemente y una logística necesariamente descentralizada.
Por estas circunstancias, en medio de un acalorado debate ciudadano, muchos países europeos han decidido decretar una moratoria en sus prospecciones no convencionales. En Francia en particular, la aprobación parlamentaria había sacudido todas las perspectivas del balance de poder económico dentro de la Unión, hasta que el veto presidencial había devuelto la cordura a los analistas. Además de evitar un desplome del precio del gas, todo el planeta está observando cómo se dan los resultados en la práctica. Con independencia de la inimputabilidad de China y los Estados Unidos por abastecer su maquinaria de consumo, si el fracking es un milagro sustentable o una catástrofe de proporciones bíblicas es algo que está por verse, y Argentina en gran medida, sería el caso testigo.
 
 

lunes, 9 de junio de 2014

2. La Tirana

La Tirana, Región de Tarapacá, Chile.
 
 
El último sol de la tarde se clavaba en el parabrisas delantero de la camioneta del “subcomandante” Estévez, quien aprovechaba para dormitar, saboreando su cigarro y escuchando algo de bachata, con el viento fresco golpeando sus amplias gafas oscuras. Habían atravesado la frontera hacia Chile a campo traviesa, para evitar cruzarse con las patrullas de Carabineros. Luego de una noche gélida en un pueblo minero abandonado en el desierto, ansiaba llegar de una vez… dejarse abrazar por las aguas del mar, por más que se le helara el alma y lo revuelquen las olas, en esa pedregosa costa que los descarados chilotes osaban llamar playa… comerse un buen plato de cazón, salteado con cebollitas, tomate, pimientos y ajo… o tal vez con leche de coco y plátanos fritos, aunque fuera pedir demasiado... bajar todo con un trago largo de Pisco Sour, lo único rescatable que había descubierto de estas regiones. No había lugar en el mundo como su país. Extrañaba el Caribe como quien ha perdido a su madre. En un tiempo más, ya podría volver a Caracas con la frente en alto y los bolsillos llenos. Cobrarle a ese General engreído el haberlo metido en este infierno estéril y aburrido. En un tiempo más, la venganza y el mar.
 
 
El convoy de la Brigada Bolivariana arribó al pequeño pueblo de La Tirana, en las vísperas de la tradicional fiesta a la Virgen del Carmen, entremezclándose en el influjo de turistas y peregrinos que le daban los únicos cinco días de vida que el lugar tenía en el año. Se mantuvieron unidos y alertas hasta entregarle el producto al “chueco” Salgado, quien manejaba la distribución en Arica e Iquique. Luego podrían descansar y darse un poco de buena vida para sacudirse el polvo y la sal de la montaña.
Muchos de los hombres seguirían al “cuervo” Almaraz, ese apátrida senderista con pretensiones de chamán, para unirse a la danza de la Diablada. El subcomandante se la tenía jurada, pero el “cuervo” sabía cocinar el producto de todas las formas posibles. No sólo eso, con un cerdo y una pasada por el almacén de ramos generales, el tipo podía fabricar veinte tubos de nitroglicerina. Tenía sus mañas; se había tatuado un lagarto y dos serpientes en el rostro, que lo obligaban a mantenerlo guardado para no llamar la atención. A veces se perdía en la montaña durante días y volvía consumido y hediondo, bañado en la sangre de algún desdichado animal. Sin duda el bastardo sabía que era irreemplazable, pero por ahora parecía demasiado comprometido y demasiado desquiciado como para ser una amenaza a su liderazgo.
 
 
 
 
-          ¿Qué tienes para mi, primo? – le preguntaba el subcomandante al líder del cártel de Iquique. Hubiese sido una escena imposible si se tratase de un negocio de narcotráfico. Aquí ambos trabajaban para el mismo patrón. Estévez entregaba las drogas que producía en el altiplano, junto con las armas y municiones que llegaban desde Caracas, y Salgado lo retribuía en dinero y especias, con lo que hubiera podido conseguir de sus desmanes en los alrededores. A medida que “el chueco” ganaba experiencia en el submundo criminal, esas retribuciones se habían vuelto cada vez más variadas.
-          Te he conseguido tres camionetas potentes, manito – le contaba con orgullo – un toro japonés con un bruto motor alemán, especial para ti – le palpaba el hombro con confianza – además de una pareja de francesas para “el templo” y un niño.
-          ¿De qué va el niño? ¿Viene con ellas? – lo cuestionaba contrariado Estévez. Los niños eran una carga molesta.
-          Pues si ¡el jodido mocoso tiene dos madres! le explicaba riendo Salgado – y bastante buenas por cierto. Si quieres, todavía necesitan más ablande. ¡No están acostumbradas a los machos! – largó una carcajada aferrándose la entrepierna.
-          Vale, vale, chueco – trató de calmarlo el subcomandante todavía incómodo – va en serio ¿qué voy a hacer con el crío?
-          No te preocupes, manito – lo tranquilizaba – nuestro amigo, “el doctor”, tiene planes para él, o al menos para sus tripas – hablar de eso ya le había amargado el trago, jodido Estévez – tu sólo ocúpate que le llegue sanito ¿vale?
“El chueco” alzaba su trago de tequila invitándolo a un nuevo brindis. Ninguno de los dos reía; sólo se miraban fijo, escudriñándose. El subcomandante chocó su vaso y se engulló el trago, que se negaba a pasar por su garganta y por su mente. Eso es lo que harían también ahora. Tendría que acostumbrarse a ir de acá para allá llevando pendejos al matadero... Mal trago, pensó al sentir el nudo en el estómago. Porquería mejicana, te quema las entrañas.
 


 
Unos días después, el convoy volvía al altiplano con más vehículos y menos cargados, pero esta vez la Providencia no libraría a los hombres de la sangre derramada. El subcomandante Estévez no había recuperado el semblante, ni siquiera después de hacer volar su nueva camioneta por las dunas hasta destartalarla, ni siquiera después de moler a patadas a las prisioneras, las muy estúpidas, por estar allí. Demasiada coca, demasiados tragos, demasiada nostalgia del mar que dejaba atrás…

Cuando la camioneta de Carabineros asomó detrás de la lomada, el subcomandante sonrió con cinismo. Aparentemente, las ofrendas del “cuervo” loco al Tío estaban dado resultados. Los vehículos rápidos del convoy enfilaron directamente hacia la patrulla, mientras tomaban velocidad y los rifles automáticos comenzaban a asomarse por las ventanillas. Se propuso dejarles una impresión que les revolviera también las tripas a ellos. El “cuervo” era un especialista en ese tipo de mensajes. La guerra es brutal y despiadada, y no quería sentirse como el único que lo tenía presente.